Hace ya 15 días tengo la
propuesta de la Constitución Política de la República de Chile en mis
manos. He tenido la posibilidad de leer y releer cada uno de sus
artículos, de subrayar y macar diversos puntos y tengo una sola
conclusión. Apruebo.
¿Y
por qué Apruebo? Lo hago con convicción de que se abre la oportunidad
de cambios para un Chile mejor y más justo. Se derriba una barrera que
fue inquebrantable para un sistema político que no permitía el nivel de
cambios y la velocidad que requería la ciudadanía. Y, sobre todo, porque
no encuentro ningún disparate en las propuestas que se realizan para
este 4 de noviembre, donde todos los ciudadanos con derecho a voto
iremos a las urnas en, quizás, uno de los momentos más importantes de
los últimos 30 años de democracia.
Llevamos
meses escuchando un debate del cómo queremos relacionarnos y buscar un
nuevo acuerdo para desarrollarnos. Pues bien, también con ruidos
innecesarios y gustos de algunos (son los menos) constituyentes que no
estuvieron a la altura o quisieron “hacer su gracia”. Pero también con
un grupo importante, con mucho poder en este país y con grandes
influencias en los medios, que del día uno se han encargado de falsear,
enlodar y descaradamente mentir en lo que deberemos aprobar o rechazar
en el plebiscito de salida.
Podemos
encontrar puntos en lo que no estoy de acuerdo, pero claro que sí.
Nadie, absolutamente nadie va a estar en 100% conforme con el resultado
de este trabajo; pero, por favor, pongamos en la balanza lo sustantivo y
el momento histórico de lo que estamos viviendo.
Acá
cada punto, a favor o en contra, es legítimo y debatible, de eso se
trata la democracia, no hay que tener miedo a pensar distinto y
manifestarlo. Siempre se debe tener respeto a las y los disidentes y
entender que nunca son enemigos; menos hoy con la violencia en la vida
misma que estamos pasando.
Pero
bien, tampoco es permitible intentar fundar el terror a través de
mentiras, desinformación y malinterpretaciones para sacar un provecho
político. El llamado es a informarse, a intentar leer la propuesta
constitucional y, desde ahí, fijar una posición.
Hoy
tenemos la oportunidad a través de nuestra decisión de hacernos camino
al andar, de ir a la conquista de nuestros derechos deseados, del
respeto al medioambiente, de entender al humano y su dignidad como el
centro de la importancia.
Para
la otra semana quedará este ofertón del “rechazar para reformar”,
creada e ideada por los mismos que han sido los guardianes de las
cadenas que nos legó Jaime Guzmán. Un dato, y lo dejo para pensar…
Después de 15 años permitieron terminar con los senadores designados,
cuando ya no les servía para inclinar la balanza a su favor de sus
privilegios de minoría. Lo mismo con el aborto en tres causales,
matrimonio igualitario, divorcio y, hace dos años, consagrar el agua
como bien de uso público.