Archipiélago Fuego-Patagónico

El botánico magallánico
Edmundo Pisano acuñó el concepto de Fuego Patagonia para referirse al
territorio al sur de Palena, en donde se presenta, al oeste de la
cordillera de los Andes, un vasto sector desmembrado que incluye
canales, fiordos e islas entre el archipiélago de Chiloé y el
archipiélago del Cabo de Hornos, conocido como Archipiélago
Fuego-Patagónico. Miles de kilómetros de costa que convierten a este
territorio es un espacio extraordinario, escaso y único es su
distribución geográfica en el planeta. Se origina producto de los
procesos de avance y retroceso de los glaciares durante miles de años y
genera una variedad de ecosistemas y biodiversidad en gradiente de este a
oeste desde las aguas dulces producto del derretimiento de las masas de
hielo hasta las aguas saladas del océano Pacífico, pero también
latitudinalmente con bosque selváticos al norte y bosques
monoespecíficos al sur.

Por
sus características climáticas y edáficas, influenciadas por su
historia glacial reciente, este territorio alberga una flora y fauna
adaptada a condiciones ambientales especificas que lo hacen único, pero
altamente frágil. Bosque húmedos perennes casi prístinos se extienden de
norte a sur albergando helechos y anfibios hoy amenazados por el cambio
climático, pero también a huemules y otras especies en peligro de
extinción. De igual forma, cientos de fiordos y canales albergan una
fauna marina que ha encontrado refugio en este maritorio, destacando la
presencia de nutrias, lobos y ballenas, otrora amenazadas por la caza.
En armonía con los ecosistemas de los canales se desarrollaron los
pueblos canoeros kawésqar y yagán, con los cuales aún mantenemos una
deuda jurídica, administrativa y cultural.

Pese
a lo extraordinario de este territorio, el Estado, en sus distintas
formas de administración, hoy le sigue dando la espalda y lo mantiene
ausente de las políticas de desarrollo. Pensar nuestro futuro implica
enfrentar nuestros desafíos para el desarrollo y uno de ellos es superar
nuestras fronteras interiores como una forma de poblamiento o
conservación, pero también de soberanía. Documentar para proteger,
conocer para entender, visibilizar para generar pertenencia, nos
permitirá desarrollar estos territorios, en donde sin duda el
conocimiento conllevará soberanía.

Gran
parte de los planes, programas y políticas públicas no incluyen el
desarrollo de este territorio, limitando su futuro a materias de
conservación de nuestro patrimonio natural a través de parques y
reservas, hoy escasamente conocidas en su composición de flora y fauna y
más desamparadas aún en términos de protección efectiva y seguimiento.
Lo anterior implica potenciar y aumentar la presencia del Estado con
políticas públicas que permitan una estrategia de desarrollo que
potencien y consideren las características naturales y culturales del
territorio. Se debe incentivar, fomentar y generar condiciones que
permitan generar iniciativas de ocupación publica y privadas como una
forma de reforzar el poblamiento existente o de asegurar las protección y
conservación de las áreas protegidas.

Los pueblos yagán y kawésqar requieren con urgencia ser visibilizados, protegidos y potenciados.

Puerto
Toro y especialmente Puerto Edén siguen siendo territorios rezagados en
donde hacer patria sigue siendo un acto de sacrificio, lo cual debe
cambiarse decididamente. Las áreas protegidas requieren la presencia
física permanente de los organismos competentes, junto con el adecuado
conocimiento de lo que se pretende conservar. Mirar al oeste es urgente y
debe tener protagonismo en nuestra próxima Estrategia de Desarrollo
Regional.

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