Arithmos

¿Qué?
¡Arithmos! Sé que les suena a nombre no común, y creo que si se
esfuerzan un poco, solo un poco, aciertan, es número, sí, ¡número!
Arithmos es de origen griego, y de él, también se derivan aritmética y
logaritmo. Es curioso, creí, creía que el tan mentado algoritmo también
provenía de la misma etimología, y no.

Los
números danzan y danzan, cada día desfilan delante nuestro, sea para
bien, sea para mal. Es inevitable. Estemos donde estemos, hagamos lo que
hagamos, los números asoman, intervienen, lo cruzan todo.

Hay
quienes han hecho de ellos una pasión, y otros que no los quieren ver
ni en pintura. Ya en la primaria, ya en la secundaria nos sentíamos
relativamente cómodos con ellos, hasta que de pronto se nos hicieron
nubosos, nada claros, y no pudimos seguir el ritmo cadencioso, musical
de ellos, como dicen algunos.

El
manejo lingüístico de ellos, los números, por parte de quienes los
usan, conforma un sistema intrincado, que va de menos a más. Desde
lejos, los contamos, forman parte de muchos juegos; a veces contamos con
ellos, otras veces, no, definitivamente; y unos, los interpretan, les
dan valores fantásticos, alejados de la realidad, ya es cuestión de
creer, o no.

Los
números. Y son tantos. Más valen cuando los ceros suman a la derecha,
luego de una unidad, y también alivian, cuando el cero está a la
izquierda, separado por una coma. Tanto divino factor que puede jugar a
favor como en contra. Los números.

Los
números. Que si es cincuenta más uno, que si es dos tercios, que si es
cuatro séptimos, ¡benaiga, la custión! Que si es par de tontos, que si
es cuarterola, que si es quina,.. todo como parte de la jerga
lingüística en el juego de dados, y así, los números asoman en todo
ámbito de la vida.

En
alguna ocasión me salvaron. Ocurre que como profesor de lengua
española, en una oportunidad, en un curso de expresión oral y escrita
del español, ante casi una centena de estudiantes de ingeniería civil
industrial mención informática, me dispuse a iniciar el curso, un nuevo
curso, como ya era habitual, pero no, no contaba conque se trataba de un
grupo especial de estudiantes. Primera clase, reacción o respuesta de
los estudiantes poca, casi ninguna; segunda clase, similar actitud o
disposición. Confieso que experimenté cierta frustración. ¿Cómo podía
ser? Mismas clases con otras cohortes estudiantiles contaban con
participación, respuestas, acertadas o no, pero había disposición,
reacción.

¿Qué
sucedió, qué sucedía? Este grupo de estudiantes de ingeniería estaban
“formateados” de distinta manera a estudiantes de humanidades, o
ciencias sociales, por ejemplo. Verdaderamente ellos privilegiaban, en
sus habituales cursos de formación ingenieril, el uso del hemisferio
cerebral izquierdo, importante en el pensamiento lógico y analítico, por
ende, esencial en la resolución de problemas, por ejemplo.

¿Qué
hice? Hice un importante acopio de acertijos matemáticos, que primero
ensayé, preparé, resolví, de manera tal que en mis materias añadía, de
tanto en tanto, la proposición de algunos acertijos en la pizarra, o
verbalmente, así capturaba la atención de los más inquietos o apáticos,
de ambos. ¡Me los gané! Experiencia que repetí varios semestres y años.

Las
matemáticas, los juegos matemáticos constituyeron para mí, para ellos,
una herramienta estratégica, motivadora. ¡Lo pasé bien! Las clases
dejaron de ser un tedio. Las matemáticas salvaron la situación.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS