Armagedón y nueva constitución

En
mi columna anterior, me referí a la irrealidad con que en nuestro país
se está analizando los sucesos que no dejan de impactarnos, porque el
punto de partida de los análisis simplemente soslaya lo que realmente
está pasando. Chile está en una lucha silenciosa e invisible contra el
globalismo, que a través de la Agenda 2030 de la ONU trata de imponer un
nuevo orden político y económico mundial. No son meras palabras, y los
acontecimientos de nuestro país día a día lo demuestran.


Es por ello que da pena observar el clamor de vastos sectores de
nuestra nación, objetando para que “el gobierno haga algo”, para
enfrentar y solucionar problemas gigantescos, como la falta de seguridad
pública, el terrorismo, el crimen organizado, la inmigración invasiva,
la crisis económica, todos temas que en los últimos tres años se han
ignorado y que la gente con desesperación reclama hoy pero sin respuesta
real, el país pareciera lo único que considera importante es continuar
“el proceso constituyente”. El llamado gobierno no da respuesta alguna, y
la llamada oposición realmente no hace nada. Una oposición con un
resultado electoral reciente de 62% en otro país del mundo ya habría
defenestrado al gobierno o lo tendría en las cuerdas como ocurrió con el
anterior, pero no, todo es un triste show en que casi todos están de
acuerdo. La agenda 2030 se cumple a cabalidad, los que creían que con el
plebiscito se paraba todo están muy errados, la opinión y voto de la
gente vale nada, acéptenlo de una vez, es una dictadura mundial
instaurándose, y en la sucursal chilena igual. Este llamado gobierno no
está en los parámetros de la democracia liberal plasmada en la
constitución vigente, está en contra de ella. De sus instituciones y del
sistema económico, y estos problemas que sufre y clama la ciudadanía
son precisamente útiles instrumentos para eso que llaman revolución y
cuyo respaldo es la agenda 2030 de la ONU.


La coalición gobernante siempre dijo que desmantelaría lo que llama
“el sistema neoliberal” en que engloba mucho más que lo económico. Los
simplones creyeron o quisieron creer que se trataba de la constitución,
pues no, esa era solo una de las vías diseñadas al efecto, pero todos
esos males comenzaron mucho antes, y seguirán empatando el tiempo.
Siguen estableciendo igual sus paradigmas progres.


Entonces, quiero transmitirle al lector que deje de soñar con una lucha
contra la delincuencia organizada que se tomó el país. El contubernio
con el narcotráfico que las financia y el terrorismo, y la llamada
inmigración, es evidente. El que sigan matando carabineros, así como
matan simples ciudadanos a diario, si de eso se trata, ¿o se olvidó que
si se aprobaba la nueva constitución carabineros desaparecía? Matándolos
también desaparecerán. ¿Que el gobernante partido comunista quiere
tomar el control de las FF.AA. y de sus programas de formación para
contaminarlas en su ideología como lo hicieron con toda la educación, la
cultura y los medios? Pues obvio que van a hacerlo, no pueden tomar el
control del país sin al menos neutralizarlas.


¿Alguna vez los sectores que se dicen “de derecha” entenderán algo de
lo que pasa? Porque es más fácil ignorar la realidad, seguir haciendo
buenos negocios hasta donde se pueda, y los problemas son para el
gobierno, no para ellos. Porque si lo fueran, sus personeros
parlamentarios incluidos, estarían bloqueando absolutamente a un
gobierno cuya gente es responsable directa por acción de los males que
consumen a nuestra Patria, ellos los crearon o incentivaron. No sigamos
perdiendo el tiempo y el objetivo, asombrándonos por las groserías,
ignorancia y desatinos de los gobernantes, ellos son necesarios a esta
revolución, vinieron a deconstruir no a gobernar y construir.
Preocupémonos mejor del Armagedón que amenaza al mundo, incluido nuestro
distraído país cuya desgraciada clase política está dedicada a
discusiones constitucionales. Hay que ser muy imbécil para creer que el
Armagedón o guerra mundial va a enfrentarse airosamente gracias a una
constitución, mientras que todo se derrumba dentro de nuestras
fronteras, porque de eso se trata, de empobrecernos en todo sentido. La
conquista por la mente y por el estómago, por las debilidades y la
cobardía. Alguna vez se entendió que la política era el arte de
gobernar. Hoy, es el arte de controlar a un pueblo a través de la
mentira y la estupidez colectivas.

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