Arturo Prat y el 21 de Mayo

Uno
de los acontecimientos más memorables de nuestra historia se
materializó un 21 de mayo de 1879, con los Combates Navales de Iquique y
Punta Gruesa. Un hecho que, hasta el presente, es sinónimo de
patriotismo, compromiso con la causa, empero por, sobre todo, un ejemplo
de lucha contra la adversidad, cualquiera que sea el adversario a
vencer.

Respecto
a los sucesos de Iquique, la tripulación de la Esmeralda estaba
compuesta por 280 miembros, muchos de ellos jóvenes. De hecho, el más
joven era José Emilio Amigo con sólo 10 años de edad. A pesar de la
juventud de la tripulación, mostraron un valor y ejemplo de patriotismo
en el combate. Tras el almuerzo, la tripulación de la Esmeralda se
reunió, esperando la arenga del comandante Prat. Una arenga que pasaría a
la historia y que cada chileno(a) lleva en su corazón:

“Muchachos:
La contienda es desigual, pero, ánimo y valor. Nunca se ha arriado
nuestra bandera ante el enemigo y espero que no sea ésta la ocasión de
hacerlo. Por mi parte, os aseguro, que mientras yo viva, esa bandera
flameará en su lugar y si yo muero, mis oficiales sabrán cumplir con su
deber”. ¡Viva Chile!

Posteriormente
Arturo Prat planea un abordaje al monitor, con el fin de apresar al
comandante Grau, saltando a la cubierta del Huáscar. Encontró la muerte
en la cubierta, acto que lo llevaría a la inmortalidad y marcaría un
punto de inflexión en la guerra. La tripulación de la Esmeralda siguió
su ejemplo, sin rendirse siguió dando lucha frente al Huáscar. La
Esmeralda se hundió en la rada de Iquique a las 12:10 de aquel 21 de
mayo. En paralelo en Punta Gruesa, la Covadonga al mando de Carlos
Condell, logró hacer rendir al blindado Independencia, encallando el
buque peruano.

La
opinión pública, al conocer los sucesos de Iquique y Punta Gruesa, en
un principio toma los hechos como una derrota. No obstante, y gracias al
gesto de Prat, cientos de chilenos se enlistan en los cuarteles,
dispuestos a seguir su ejemplo.

El
acto los héroes de aquella fecha no debe quedar en el olvido colectivo,
dieron su vida para construir el Chile que hoy vivimos. En los
colegios, universidades, instituciones se debe dar cuenta de lo que
realizaron, cuyo gesto es transversal y reconocido por toda la sociedad
nacional. Un hombre sólo muere cuando se le olvida

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