En los últimos meses se ha incrementado significativamente los atentados a sitios de memoria de derechos humanos en Chile, algunos en forma reiterada. Incendios, destrucción, alteraciones, rayados y suciedad (orina y excrementos) han sido las expresiones de este vandalismo. Magallanes no se ha escapado de esta tendencia y varios sitios de memoria han sufrido daño. El incendio a la Casa de Derechos Humanos, el atentado al Memorial de Victimas de la dictadura militar en el Cementerio y la desaparición de la placa conmemorativa en el Estadio Fiscal son una muestra de ello.
Llama la atención que autoridades que se horrorizan por rayados en las veredas de la plaza o pegatinas en Monumentos no tengan la misma reacción y actitud comunicacional frente a este tipo de vandalismo. Los sitios de memoria nos pertenecen a todos y deben preservarse y protegerse para la promoción de los Derechos Humanos y el fortalecimiento de la democracia. Por tanto, las gestiones tanto de rechazo y condena de estos hechos como de iniciar las diligencias para investigar y dar con los responsable deben ser claras, permanentes, eficientes y eficaces. Destrabar los fondos y trámites para la conservación de la Casa de DD.HH. ha tenido hasta ahora total carencia de voluntad.
Con preocupación se observa la irrupción de personas y grupos con discurso y acciones negacionistas que agravian la memoria, las víctimas y sus familiares, tergiversan la historia y justifican las atrocidades cometidas contra compatriotas. Hoy levantan banderas nazis o confederadas asociadas a un discurso de odio, aprovechan y les facilitan tribuna en los medios de comunicación, y generan acciones violentas y provocativas, gozando de una completa impunidad. Es deber del Estado, las instituciones, los medios, pero por sobre todo de cada uno de nosotros no sólo denunciar sino rechazar, combatir y erradicar este tipo de expresiones.
Sin duda es urgente procurar el resguardo de los sitios de memoria en la región y en Chile. Crear normativa para que autoridades no tomen medidas arbitrarias y retiren a su antojo las placas conmemorativas sólo porque no lo comparten (en realidad les incomoda) podría ser una medida inmediata. Nuestros parlamentarios deberían redactar un proyecto que incorpore los sitios de memoria a la Ley de Monumentos Nacionales, como una forma de garantizar la preservación física de la nuestra historia y mantener un espacio vivencial para la educación de la ciudadanía. Una forma de comprometerse con cuidar nuestra historia, una forma de decir nunca más.