Los ataques iniciados el 18 de octubre pasado han afectado a numerosas medios de comunicación en nuestro país, entre ellos Pingüino Multimedia. Son más de 20 radios, cinco diarios y las cuatro principales redes de televisión han debido enfrentar los violentos atentados que han puesto en peligro las vidas de quienes laboran en los medios. Acá en Pingüino Multimedia, a la hora del cobarde ataque del lunes pasado, había en el interior de nuestras dependencias más de 20 personas que estaban ejerciendo labores profesionales con el solo objetivo de mantener informados a los magallánicos. La mayoría de ellos son padres de familia que corrieron el serio riesgo de sus vidas. También se intentó acallar la libertad de expresión, uno de los más importantes derechos humanos, pues el que permite comunicar al país de lo que está ocurriendo. Nadie conoce el objetivo de estos arteros ataques, pero al menos en algunos casos, la causa parece residir en la impresión subjetiva que se han formado los agresores desde su particular punto de vista. La imposición de otras visiones, ajena al trabajo periodístico profesional, constituiría una doble forma de censura, impidiendo que se difunda el resultado de esa labor y forzando a que se propaguen versión que concuerde con las percepciones subjetivas de quienes protestan. La libertad de prensa y de opinión constituye un derecho humano crucial, pues permite que se respeten todos los demás. Es propio de los regímenes autoritarios el suprimir este derecho, haciendo posible la difusión de noticias falsas, suprimiendo información vital y poniéndole una lápida a todo debate razonado sobre los acontecimientos del país. Acá en Magallanes se nos quiso acallar, como una forma de evitar el debate, facilitando la imposición de un punto de vista.