Aterrizando el cuarto retiro

La discusión del cuarto
retiro transita entre los equilibrios macroeconómicos y las necesidades
de la economía hogareña. Es cierto que la ayuda del Estado ha sido
deficiente y poco oportuna, pero la continuidad del IFE ha ido en el
camino correcto. Los retiros anteriores han beneficiado principalmente a
los trabajadores de menos ingresos; sin embargo, un cuarto retiro se
circunscribe principalmente a sectores de clase media, a los cuales se
pudo haber buscado medidas específicas para el difícil momento. Por
otro lado, los retiros han generado la presión de mucho dinero
circulando, lo cual es una de las causas de la presente inflación,
comprometiendo la economía de los hogares. Las cosas cuestan casi un 30%
más y los sueldos siguen congelados. Todo parte de ahí, los bajo
sueldos.

En la
práctica los ciudadanos queremos que el sistema de AFP se acabe, porque
el sistema previsional con nuestros ahorros financia a los principales
grupos económicos y bancos comerciales del país, generándoles grandes
utilidades, pero condena a los dueños del dinero a pensiones miserables.
En la actualidad el 50% de las personas que reciben una pensión
autofinanciada se encuentra por debajo de la línea de la pobreza en
hogares unipersonales, la cual sería menor si no se incluyera el Aporte
Previsional Solidario (APS) del Estado. Una persona cotizando toda su
vida laboral, sin lagunas, aspira a una jubilación no superior al 40% de
su último sueldo, en un Chile en que el 50% de los trabajadores gana
menos de 400 mil pesos; es decir, el grueso de la población tendrá una
pensión bajo la línea de la pobreza de no mejorar los sueldos. El
problema actual y futuro es que Chile tiene un sistema de pensiones
fracasado y la serie de retiros solo contribuyen a agravar la crisis
previsional.

Lamentablemente el populismo se ha apoderado de la discusión de los
retiros de fondos desde las AFP. Ahora que la discusión se produce en
época electoral el resultado es más desastroso. Parlamentarios a la
reelección dispuestos a todo con tal de conseguir votos. Todos coinciden
en que es mala política pública y que causa problemas futuros graves,
pero todos son seducidos por la aceptación popular de la medida y
ninguno se atreve a plantearlo. Los de derecha renegando de sus
principios ideológicos básicos y los de oposición sin iniciativas, sin
visión de largo plazo y con un nivel de populismo que usan de escudo
para eximirse de la mediocridad. En la misma línea, los candidatos
presidenciales de oposición están sin poder sostener una postura y
dejándose llevar más allá de sus convicciones por el momento electoral.
Las indicaciones agravan la contradicción.

Millones
de personas han quedado completamente sin fondos en sus cuentas de
ahorros previsionales, por tanto, sin pensión en el futuro. Eso
significa que las personas que están cerca de la edad de jubilación
tendrán como único ingreso la pensión básica solidaria. Es decir, serán
el Estado y los contribuyentes los que pagarán las decisiones asociadas a
los retiros que se han hecho en la presente pandemia. De no cambiar las
tributaciones y sin nuevos ingresos a un nuevo sistema de pensiones es
una verdad inminente que las jubilaciones futuras serán tan o más malas
que las actuales, ya que un nuevo sistema de pensiones solidario
dependerá del aporte de Estado y el empleador, pero sustancialmente del
ahorro de los trabajadores, que en su conjunto se ha visto diezmado por
los retiros. El nuevo Chile, que nacerá desde la nueva Constitución,
aspira a pensiones dignas, para lo cual deberá reintegrar los fondos
retirados, y así luego de ello avanzar hacia un salar
io digno para recién poder proyectar pensiones dignas.

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