En
Fundación Súmate del Hogar de Cristo nos alegramos mucho al conocer que
la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados aprobó el Proyecto
de Ley que reconoce a las aulas hospitalarias como una modalidad
educativa válida.
Según
lo señalado por el médico cirujano y diputado independiente Hernán
Palma, este reconocimiento podría “beneficiar a más de 35.000 almas” que
hoy no pueden asistir regularmente a clases por estar hospitalizadas.
En
Súmate, hemos luchado durante 30 años para erradicar la exclusión
escolar bajo todas sus formas, incluida la marginación del sistema
educativo y de su contexto social y cultural que se produce por una
enfermedad crónica grave que obliga a la hospitalización.
Hoy,
en Chile, 227 mil niños, niñas y jóvenes no se encuentran inscritos en
ningún establecimiento educativo, vulnerando su derecho a la educación y
acrecentando así mayores inequidades y riesgos sociales. Nuestras
escuelas de reingreso son una solución concreta, aunque limitada, para
estos jóvenes, por eso dedicamos ingentes esfuerzos para incidir en una
política pública adecuada y aportar nuestra experiencia en reingreso a
quien lo requiera.
Por
eso, celebramos, cuando, en 2020, el Consejo Nacional de Educación
aprobó la Modalidad de Reingreso Escolar, la que al año siguiente fue
ratificada por la Cámara de Diputados. Hoy vemos que el Proyecto de Ley
se encuentra estancado y que, por desinterés o desidia, no hay avances
en las mejoras que requiere para asegurar que la modalidad de reingreso
logre finalmente una fuente de financiamiento adecuada.
Si
bien nos alegramos por el reconocimiento a las aulas hospitalarias, que
existen desde los años 60 del siglo pasado en Chile, recibimos esta
noticia con cautela. Nosotros ya vivimos la alegría del logro y la
frustración del empantanamiento del proyecto de ley. El éxito de estos
anuncios depende en gran medida de los próximos pasos que den tanto el
Poder Ejecutivo como el Poder Legislativo. Un proyecto de ley, como bien
lo sabemos en Súmate, no asegura financiamiento y, por ende, podría
quedar guardado en un cajón y convertirse en letra muerta, tal como
vemos que ha sucedido con la modalidad educativa de reingreso.
Los
niños, niñas y jóvenes de Chile enfermos físicamente, como son los que
están hospitalizados, y enfermos socialmente, como son los que viven en
pobreza y marginalidad, los que sufren violencia, problemas familiares,
económicos y de aprendizaje, no pueden quedar sin derecho a la
educación. Y para ello se requiere acción y capacidad de gestión
política y legislativa después de los optimistas anuncios.