¡Aún hay patria, ciudadanos!

Luego
del triunfo del Rechazo se iniciaron tratativas para poder tener un
acuerdo que permitiera concretar una nueva Constitución. Mayoritaria y
transversalmente las fuerzas representadas en el Congreso estaban de
acuerdo en que la actual Constitución está obsoleta; sin embargo,
demoraron tres meses en poder consensuar un mecanismo para constituir un
órgano encargado de redactar la nueva propuesta de Carta Fundamental.
La derecha se apropió del 62% y desde esa plataforma exigió condiciones y
garantías para retomar el proceso constitucional frente a un
oficialismo que, confundido con la derrota, entregaba progresivamente
oreja y rabo. Se comenzó con los bordes, se continuó con la discusión
sobre el rol y protagonismo de los expertos, se debatió sobre el número
de los constituyentes, se derivó en la constitución mixta o 100% electa y
finalmente en los controles ratificadores de los textos y la propuesta.
Fue así como el día de ayer se consensuó y firmó un protocolo de
acuerdo para reiniciar el proceso constitucional.

Tengo
la sensación que entre tanta negociación fuimos entregando el alma,
pero a conciencia. Por ello terminamos aprobando la propuesta que Chile
Vamos nos propuso en septiembre. En el camino, creo que perdimos de
vista el objetivo y se terminó limitando en demasía el próximo debate
del contenido constitucional. Se privilegió el objetivo de poder
gobernar y poder firmar una Constitución en este periodo, aunque ello
condicione las reglas políticas de las próximas décadas. De esta forma,
los bordes constitucionales fueron la primera capitulación, en donde la
clase política (de todos los sectores) puso límites (vetos) a lo que se
puede discutir y reformar. Le siguió la incorporación de expertos
designados por el Congreso que tendrán la responsabilidad de redactar un
borrador de texto constitucional que será la base de la discusión y que
además podrán ejercer control y veto. Se continuó reduciendo el número
de constituyentes, a cifras que permiten mantener los equilibrios y
proporciones actuales del Congreso, para asegurar que todo se mantenga
invariable y en donde los territorios quedan mal representados. Y se
terminó, creando instancias de control, tutela y veto, para asegurarse
de que nada cambie radicalmente, a menos que esté consensuado.

Espero
equivocarme, pero el acuerdo constitucional parece más un traje a la
medida para la derecha y los poderes políticos y económicos
representados en el Congreso. Más parece una ilusión, una aspirina, un
placebo, que nos embarcará a un proceso creyendo que cambiaremos lo
malo, cuando lo malo es quien ha puesto las reglas y se ha encargado
poner candados, límites y un proteccionismo asfixiante para que nada
cambie. Años y generaciones de personas luchando en contra de senadores
designados y la democracia tutelada para terminar acordando un proceso
constitucional con características muy similares.

Yo
creo que la posibilidad de tener una nueva Constitución tiene en juego
algo muy cercano a la independencia de Chile. Independencia de
mercenarios, especuladores y privilegiados. De aquella aristocracia, hoy
elite y sus representantes en el Congreso, que se niegan a perder sus
privilegios. Hoy con negociaciones alejadas de los ciudadanos, con
escenarios inciertos, cuando parece todo perdido es importante recordar a
aquel ciudadano que, en medio de la derrota, los miedos, la
desesperanza fue capaz de pararse en la plaza de Armas y gritar a los 4
vientos: ¡Aún hay patria, ciudadanos! Al igual que Rodríguez, hubiese
preferido partir de cero y de cara a la ciudadanía volver a preguntar
cual es la voluntad del pueblo. Reagrupar fuerzas y volver a la
esperanza de una nueva Constitución representativa y democrática
producto de la expresión popular. La democracia se perfecciona solo con
más democracia.

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