Autoridad

Pienso
que para nadie es un misterio en el Chile de hoy, que la autoridad está
fuertemente cuestionada. Siempre existen dudas, resquemores,
desconfianza al momento de tener que obedecerle, porque se piensa,
quizás no tenga la legitimidad de fondo, no meramente formal, sino
aquella que deriva de su aceptación y arraigo social. Y por autoridad
debemos entender todo tipo, no sólo aquella que tiene el monopolio legal
de la fuerza, como son las policías y las fuerzas armadas, sino también
las políticas, religiosas, económicas, sociales, sindicales,
estudiantiles, llegando incluso a la familiar. Pareciera que detentar un
cargo que confiere algún grado de poder sobre los ciudadanos, hace
sospechoso por esa sola razón, a quien lo ejerce, de no estar obrando
conforme a la ley. ¿Cuál es o son las causas de esta situación? Con toda
seguridad se entremezclan motivos para explicar este fenómeno, por lo
que intentaré esbozar algunos que provienen sólo de la observación
empírica y de algunos años ya habitando este mundo.

Hasta
los años noventa, nuestro país podía considerarse una sociedad
económicamente pobre. Amplios sectores no gozaban de servicios básicos y
menos podían acceder a bienes de consumo. Se vivía en el rigor que da
la pobreza, en donde por ejemplo, la ropa y los juguetes se heredaban de
hermano a hermano y luego quizás a primos. Gracias a las políticas
liberales comenzadas en los años ochenta, en las décadas posteriores en
nuestro país los índices de extrema pobreza bajaron sustancialmente y
mucha gente comenzó a ser considerara de clase media, pues tuvo acceso a
una vivienda, un automóvil, quizás pagar un colegio subvencionado para
sus hijos. Luego, los padres ya no querían que sus hijos sufrieran los
rigores de las carencias económicas, que ellos mismos padecieron. Por
qué entonces exigirles a los niños y jóvenes que se esfuercen para
obtener una mejor vida, si para eso estaban los padres, quienes se
empoderaron más en su rol de proveedores. Luego, no podían ser terceros
quienes les dijeran a sus hijos lo que deberían hacer, aun cuando fuera
autoridad, pues el dinero lo ponían ellos. La autoridad del profesor, se
fue debilitando en exceso, pues cualquier reprimenda, era y es
considerada un abuso por quien no contribuye a mantenerlos.

Por
otro lado, el anclaje y contención moral que significaba la Iglesia
Católica, mayoritaria en el país, se derrumbó. Así, el país se quedó sin
referentes religiosos, ahora sospechosos de abusos contra menores de
edad. Luego, ya no fue posible confiar en líderes religiosos, lo que
afectó incluso a otras iglesias.

En
el plano político, los años de la Concertación si bien fueron de
crecimiento y progreso económico, también se pusieron las bases para el
clientelismo, en donde el favor de la ciudadanía se transa por favores,
construyéndose un círculo vicioso, en donde las personas ven en los
actores políticos, personas con quienes negociar los votos a cambio de
cargos en la administración pública, de bonos, de “paleteadas”, etc.
Cómo entonces confiar en una autoridad política que se impone por
sucesivos actos transaccionales de contenido económico y no con el peso
de su conocimiento y de su “autoritas”.

Los
graves desfalcos en que se ha vuelto involucrados altos mandos de las
Fuerzas Armadas y Carabineros, ha hecho mella en la confianza hacia esas
instituciones, y de ahí que el respeto y consideración hacia sus
efectivos, se haya ido perdiendo en un sector de la ciudadanía.

En fin, Chile vive una crisis de confianza en sus autoridades, de la cual no se sabe cómo se podrá salir.

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