Hace
muchos años, este habría sido casi un tema tabú. Pero hemos avanzado,
lo que es muy favorable en nuestra lucha que llevamos por la igualdad de
género en muchos ámbitos.
Y puede parecer
ilógico, pero era absolutamente necesario el permitir la compra de
pastillas anticonceptivas sin receta médica, luego de varios casos de
embarazos no deseados que se produjeron justamente por una falla en los
medicamentos suministrados y ante la evidente situación de pandemia que
vive nuestro país donde ir a un recinto hospitalario a pedir una receta,
es prácticamente un llamado a contagiarse de Covid.
Ya
el sólo hecho de salir a la calle es un peligro en los tiempos que
vivimos, pese a que la situación en nuestra región está dentro de una
relativa “normalidad”. Pero independientemente de ello, el llamado es a
quedarse en casa, lo que generaba un contrasentido en esta materia.
En
los tiempos actuales, donde vivimos en democracia, creo que todas
debemos tener acceso a este tipo de medicamentos para que dependa de
nosotros mismas el control de la natalidad y al mismo tiempo, también
evitemos que ocurran abortos ilegales de embarazos no deseados.
Chile
es una nación moderna, con normas claras y libertades que muchas de
nuestras naciones vecinas les gustaría gozar. Pero el seguir exigiendo
una
receta médica para la compra de anticonceptivos, es seguir vulnerando a
miles de mujeres que ya están sufriendo mucho con los efectos de la
pandemia.
Hay
muchos otros temas que siguen complicando como es el pago de licencias
médicas a mujeres embarazadas, que pese a estar en evidente estado de
gravidez, son rechazadas en su época de pre y posnatal.
Tenemos
que modernizar todos los sistemas como una forma de protección no solo
de las mujeres, sino que también de nuestros niños, niñas y adolescente
porque la educación en materia de prevención de embarazos no deseados
debe continuar de manera firme, con una mirada actual sin duda alguna,
pero debemos continuar. Y es rol del Estado, junto a las madres y los
padres, el tomar esa senda.
Pero con políticas que no permiten la compra de anticonceptivos, ese camino se hace muy complicado.
El
uso de pastillas anticonceptivas debe significar el apoyo y valorar la
responsabilidad que eso significa. El medicamento no sólo es usado por
personas jóvenes o solteras como en muchos casos se cree, sino que, por
miles de mujeres que tienen una planificación familiar determinada.
Por
todo lo anterior, vi la necesidad de oficiar al Instituto de Salud
Pública (ISP) para que entregue la potestad a las farmacias de vender
anticonceptivos sin receta porque demuestra la protección y el
fortalecimiento de la mujer.
Tenemos muchas tareas pendientes, pero de a poco vamos avanzando en materia de igualdad y equidad de género.