A
casi dos semanas del plebiscito constitucional se puede vislumbrar con
cierta nitidez las posiciones de los distintos sectores políticos de
cara a la etapa que comenzó. Se aprecia un ambiente de cierta confusión
de lado por el contundente resultado de las urnas, que no estaba en sus
planificaciones. El abultado triunfo del Rechazo deshizo las agendas del
Gobierno y de la oposición de manera que los días transcurridos desde
el plebiscito, se ha caracterizado por una rápida y desordenada toma de
posiciones ante el nuevo escenario. Quizás si el Gobierno ha sido el
que ha reaccionado más rápido y pretende continuar sin más con sus
planes constituyentes, lo que ha sorprendido a la oposición sin una
claridad ni cohesión de propósitos.
Lo
que sorprende también a muchos es la escasa o nula autocrítica de
quienes perdieron en esta elección y la sobre reacción de quienes se
dieron por triunfadores con el apruebo. Respecto de quienes perdieron
están los ex convencionales para quienes la dura derrota proviene de
otros. Escuchar a Atria, Stingo, Bassa, Loncon y tantos otros sorprende
por su desconexión con la realidad. La derecha, el dinero, las supuestas
mentiras, la desinformación son para ellos los responsables primeros
del rechazo rotundo a su propuesta. Después están los políticos de
partidos de gobierno que no atinan a dar una respuesta coherente y de
sentido común al porqué del resultado adverso para ellos. Como respuesta
para pasar página rápido a tanto sabor amargo, quieren que de manera
apresurada y casi repitiendo el proceso anterior, se llame lo más pronto
posible a otra convención constitucional, como si el país estuviera
para aquellos avatares. Quieren avanzar a como dé lugar sin entender que
sólo el 38% del país avaló su proceso y su propuesta.
En
la oposición el panorama no es muy diferente. Hasta ahora de manera
inexplicable está dejando al gobierno la iniciativa, sin asumir que el
gran derrotado es precisamente el gobierno que declaró que su programa
no podía llevarse a cabo sin que se aprobara el texto plebiscitado.
Otro
hecho visible en el panorama actual es que algunos sectores de derecha
se están atribuyendo todo el triunfo del 04 de septiembre y traducen que
el 62% quiere dejar congelado el tema constitucional y abordarlo en un
futuro indeterminado. Argumentan normas jurídicas para ello, sin tener
en cuenta que no estamos en presencia de un problema jurídico sino
eminentemente político, pues el intríngulis constitucional debe ser
zanjado lo más luego posible y no alargarlo en el tiempo, lo que
devendrá en mayores grados de estabilidad institucional.
Tenemos
entonces una izquierda que está en el gobierno y en sectores ultras que
aún no asumen ni entienden las razones de su gran derrota y pretenden
repetir el proceso constitucional a semejanza del primero. Tenemos
también una fracción de la derecha que no entiende que el triunfo del
Rechazo no es propio ni les pertenece en exclusiva, por lo que querer
arrinconar a los perdedores y a otros sectores de derecha, sólo dejará
para mañana lo que a mi juicio se debe resolver pronto, pero de manera
muy distinta a como fue el proceso anterior que debe estimarse
fracasado.
Quienes
desean avanzar sin transar, sea pretendiendo un proceso similar al
anterior o dejando lo más congelado el actual estado de cosas arguyendo
normas jurídicas, están de espaldas a la ciudadanía que con los dos
últimos plebiscitos mostró su deseo que la clase política se entienda de
una vez por todas.