Todos
los que en la década de 1990 sufrimos (en esos años se gozaba poco) el
devenir de nuestra Selección Chilena de Fútbol, recordamos ese bizarro
período en que la dirección técnica de aquel “glorioso” equipo estaba a
cargo de un vasco bigotudo llamado Xavier Azkargorta.
La
memoria –a veces frágil- nos recuerda los pobres resultados de su
gestión deportiva y, sobretodo, su chapucera retórica y sus polémicas
con el siempre incisivo Eduardo Bonvallet, quien llevaba la voz tenor
exigiendo su renuncia, seguido por un coro de hinchas y periodistas que
se colgaban de la fama del autodenominado “Gurú” que, además, se
enconaba con el “gobierno futbolero” que lo había designado en la alta
dirección de nuestra esforzada escuadra de balompié.
Cuando
ya los resultados no podían ser peores (goleada en Lima por 6-0,
incluida), los dirigentes cedieron y pidieron la renuncia al ibérico,
quien aprovechó la ocasión para despacharse, para el bronce y para la
historia, una inolvidable afirmación: “Espero que una vez muerto el
perro se acabe la rabia”, haciendo alusión a su calidad de resumidero de
todos los problemas que tenía nuestro deporte popular y que extirpada
su figura, todo volvería a ser bello y dulce para la fanaticada, cosa
que lamentablemente no ocurrió del todo y hubo que esperar casi 18 años
para poder ver a chilito lindo ser campeón de alguna copa importante.
Con
lo anterior en mentes, permítanme darme la licencia de opinar que algo
parecido nos puede ocurrir con la renuncia del hoy vilipendiado – sí,
porque hace 9 años el socialismo democrático le regaló un distrito para
que fuera diputado- ex ministro Giorgio Jackson.
Y
por favor, no crea que lo estoy llamando “perro” –noble mamífero, por
cierto- o lo estoy analogando porque ambos fueron –no sin razón- objeto
de la crítica del “Gurú Bonvallet”
No es eso, en esta columna somos serios.
Pero
si creemos que con la salida del ex ministro se acaba el problema del
caso fundaciones para el Gobierno o que la oposición marcó el golazo que
define el partido, déjeme decirle que me parece un error.
Jackson
pagó el precio que debía –y no quería- pagar por ser quien llevó a los
que hoy son cuestionados e investigados por uno de los casos de
corrupción más cuantioso de los últimos años. Y sí, él los endosó con su
confianza política, por ser gente de lo que en política se llama “su
lote”, entendiendo que ello significa “cercanos” en la maquinaria del
partido Revolución Democrática. Sí pues, son la gente de su confianza y
muchos de ellos, llegaron a ser trascendentes por la bendición que don
Giorgio les dio.
Pagó
también por la soberbia moral con que se alzó respecto de la izquierda
socialdemócrata y que es tan conocida que no vale la pena expandirse en
ese acápite.
Pero
volviendo al tema, no hay que pensar que su salida significa que la
problemática que se develó y las responsabilidades se acabaron.
No,
el Poder Ejecutivo, ya sea central o regionales mantiene la obligación,
no sólo de “colaborar” con las investigaciones ya abiertas, sino que
también de auditarse y denunciar todos los casos que revistan caracteres
de irregularidad y corrupción, transparentando todos los convenios y,
en su caso, no proteger por motivos políticos a los funcionarios que
aparezcan como involucrados directos en los hechos. Esa es su
obligación, no sólo legal, sino que moral y política.
La oposición tampoco la tiene fácil.
Los Republicanos tienen todo el derecho a celebrar su gol, porque fue su gol. Y lo harán con ganas.
Pero
en Chile Vamos tenemos un desafío distinto. La salida de Giorgio
Jackson no nos puede dejar sin agenda, sobre todo a la UDI, que
condicionó su participación a la continuidad del ex ministro.
Tenemos
que ser consistentes y sentarnos en la mesa previsional, donde Evopoli y
RN ya han estado trabajando e incluso, en el caso de Evópoli, se ha
hecho pública una propuesta de 10 puntos para mejorar las pensiones hoy y
para el futuro. Si no lo hacemos, la credibilidad de la coalición puede
ser puesta en tela de juicio, algo que es bastante frecuente en el
electorado.
Cómo ven, muerto el “perro”, hay que seguir con el tratamiento, la “rabia” es una enfermedad de largo tratamiento.