Baja aprobación del Gobierno

Una
realidad nunca antes vista, es que en tan poco tiempo de gobierno se
produzca una baja tan violenta en la aprobación; vale decir, en el nivel
de aceptación de la gente, de los ciudadanos respecto de un Gobierno
que ellos mismos eligieron de manera democrática, y, lo que es peor, sin
tener oposición, ya que definitivamente los mal llamados partidos de
oposición a los que algunos califican como de derecha, simplemente no
han tenido ninguna clase de actuación política y claramente hasta el
momento no han hecho una oposición o, al menos, no han hecho alguna que
pueda ser percibida de ninguna forma, de modo que en este momento es
algo así como correr solo y perder. La encuesta Cadem ha estimado que el
nivel de aprobación del nuevo Gobierno bajó al 45%, alguien
probablemente dirá que es más del doble de lo que tenía el gobierno
anterior, es cierto, pero no es posible comparar a un gobierno saliente
que a corto andar perdió su popularidad por no haber respondido a las
necesidades ciudadanas, por haberse apartado de lo que fue su programa
de gobierno, que se alejó de quienes en su momento lo apoyaron, que
significó una polarización que no se había visto desde los años 70, y
que a dos años de su elección simplemente se dedicó a administrar el
país, pero en la percepción ciudadana dejó de gobernar; con un Gobierno
nuevo, que ante lo anterior tiene la obligación de demostrar
gobernabilidad, de dedicarse y preocuparse por las personas y que, tal
como dijo el Presidente de la República en su discurso el día que ganó
las elecciones, que gobernaría para todos los chilenos, siendo una
necesidad solucionar entre otras cosas la polarización que dejó su
antecesor y que busque generar armonía entre todos quienes componen la
sociedad chilena, que se logre volver al respeto entre las personas, que
se acabe con la descalificación a quienes opinen diferente, que se
acoja un principio fundamental de la democracia, que es el
reconocimiento del otro, pero se tiene que abocar a dar solución también
a los problemas diarios a los que se ve enfrentado el país y que son
los que más preocupan a las personas, ya que son ellas quienes los
sufren, como son los que genera una delincuencia desatada y, lo vemos a
diario, portonazos, encerronas, abordazos, monra, narcotráfico,
violencia en los colegios; mención especial al gran problema terrorista
que sufre La Araucanía y en el que no se visualiza una verdadera
intención de dar una solución, con dos fracasos que han demostrado que
los grupos atrincherados en ese lugar han mostrado un absoluto desprecio
por el actuar del Gobierno; un claro error haber terminado con el
Estado de Excepción en esa zona; y con la generalizada falta de apoyo a
las policías, lo que impide o al menos dificulta la disminución de los
problemas delictuales primeramente mencionados. Otro grave problema, y
que afecta directamente el bolsillo de las personas, lo constituye la
existencia de una inflación grave, ella provoca un aumento sostenido de
los precios de los bienes y servicios, lo que lleva a que la gente está
perdiendo cada vez más el poder adquisitivo; nada se saca con subir el
sueldo mínimo si, producto de la desvalorización del dinero y el alza de
los precios, las personas tienen un poder adquisitivo peor; los
problemas de la salud que persisten, las llamadas listas de espera que
no avanzan y las personas siguen sufriendo por la falta de atención;
para qué decir algunos nombramientos poco felices y en algunos casos
contrariando incluso los dichos previos del Gobierno en cuanto a
relación de parentescos o premios de consuelo a quienes hayan dejado
algún cargo. Y, lo peor, sin lugar lo constituye la actuación de la
Convención Constitucional, la que pretende una Carta Fundamental
minorista, alejada de la idiosincrasia del chileno y de la realidad
social de la república, lo que la está también haciendo impopular, y
esta impopularidad se traslada igualmente al Gobierno, y el común de la
gente la asocia con él; y, habida consideración a que ni la redacción
del texto ni el trabajo de los convencionales han tenido aceptación en
la gente, ello también se traspasa al Gobierno; y el gran problema es
que la Convención ni siquiera se ha acercado a lo que debe ser una
Constitución, que a los dichos de Maurice Hauriou debe buscar organizar
en el Estado-Nación una coexistencia pacífica del poder y la libertad.

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