Baquedano

La estatua de Baquedano, concentró las iras de quienes se sumaron al 8M
y galletera en mano las emprendieron contra el monumento ecuestre, para
desmontar al General. Estos episodios que se han repetido en otras
ciudades y contra otros monumentos, expresan no sólo la molestia sino
que la ira contra la historia oficial. Una juventud mejor informada o
desinformada, según se estime, entiende que alguien les ha mentido, que
los héroes no son tales, sino que símbolos de una historia oficial a la
cual simplemente no le creen.


Esto ha ocurrido en otras latitudes donde se arrancaron de sus
pedestales a Lenin o Stalin, a pesar de lo cual hay quienes, por
cierto, se mantiene fieles y leales a la vieja historia o a la versión
oficial de ella. Recientemente España ha presenciado cómo se retira la
última estatua de Francisco Franco, el líder de España y nada menos
que por la gracia de Dios. El problema está en los medios, allí se votó
y fue un acuerdo del Ayuntamiento, en Punta Arenas, hubo un episodio
semejante con la estatua del juez Waldo Seguel, cuyo rol fue cuestionado
en el Concejo Municipal, son situaciones que tienen un elemento en
común, el cuestionamiento a la historia y la sanción a la falacia
argumental que justificó erigir a estos personajes en líderes o íconos
de la civilidad que los convertía en referente al extremo de erigirles
un monumento.


La diferencia está en los medios, en la aceptación o no del debate y la
deliberación democrática como forma de resolver el conflicto, por
cierto un conflicto válido porque es legítimo que la historia y sus
personajes estén sujeto a cuestionamiento y a la deliberación ciudadana,
con todos los inconvenientes que tiene cuestionar el pasado con los
ojos, perspectivas y valores del presente.


El Comandante en Jefe del Ejército, acusa a los perpetradores de estos
desmanes de “antichilenos”, y rápidamente surgen voces de candidatas
solicitando su renuncia u opinando en el sentido que ellas en lugar del
presidente le solicitarían la renuncia. No es de extrañar que con esas
expresiones u otras más o menos afortunadas el Ejército defienda la
imagen del General Baquedano, ese es su rol, sino estaría renunciando a
parte importante de su historia y personajes.


Con todo, habiéndose transformado esta plaza en el epicentro de la
protesta ciudadana no existe acaso una forma más adecuada de defender la
memoria del general, basta el monumento o se requiere educar acerca de
cuáles fueron sus méritos y si estos fueron tales que ameriten el
monumento.


Corresponde al Ministerio Público, perseguir la destrucción del
monumento, pero el ejercicio de la acción penal no resuelve el problema,
no acallará las motivaciones ni la protesta, quizá sólo incentivará a
otros a desafiar con más fuerza la sanción y lo que consideran una
injusta represión.


Lo que nos queda claro es que hay un sector de chilenos que no está
solo contra el presente sino que cuestiona el pasado, nuestra propia
historia o la historia que hegemónicamente se nos ha relatado, así que
hoy también tiemblan los monumentos, las calles y avenidas, la buena
nueva es que estos conflictos deben y pueden canalizarse a través de
mecanismos democráticos, principalmente en los concejos municipales, y
cuando la protesta y el cuestionamiento existe debe ser materia de
tabla.


Finalmente, la decisión política fue otra, entreguemos la plaza, el
monumento a restauración por tiempo indefinido, una vez más no se
resuelve el problema, sino que la culpa es de Baquedano, la estatua
requiere mantenimiento, algo así como en el chiste de don Otto,
votemos el sofá.

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