Las
redes sociales se llenaron de memes, burlas y comentarios en torno a
las indicaciones del diputado Brito, en el marco de la discusión del
proyecto de Ley de Pesca, que declaraba a los peces “sintientes” y
“conscientes”. De igual forma, las indicaciones tuvieron diversos y
amplios cuestionamientos desde el mundo político y científico. Es que la
forma, el contexto y el momento no fueron los indicados para abordar la
temática del hombre y los animales como recursos, en donde se requieren
mejores prácticas para hacerse cargo de los desafíos actuales y
futuros. Lo inapropiado de las indicaciones del diputado Brito junto a
lo errado e hilarantes de sus argumentaciones lamentablemente posterga
una necesaria discusión asociada a las prácticas del manejo animal en la
industria alimenticia.
Quiero
entender que el diputado Brito intentaba garantizar el bienestar animal
en las etapas productivas, de transporte y de sacrificio al ser
utilizados. La Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) define el
término “bienestar animal” como el estado físico y mental de un animal
en relación con las condiciones en las que vive y muere y nos hace un
llamado a reflexionar sobre nuestra relación con los animales y nuestra
responsabilidad ética hacia las especies que utilizamos. De esta forma
en la actualidad este tema es que alto interés a nivel mundial y nos
invita a evaluar y regular nuestras interacciones con los animales, para
propiciar relaciones sostenibles y responsables.
Desde
su origen la especies humana ha establecido relaciones de alimento,
transporte, abrigo, y tantas otras necesidades con los animales, siendo
una parte fundamental de nuestro bienestar. Sin embargo, la
sobrepoblación humana ha llevado a una presión excesiva del recurso
animal en el último siglo industrializando los criaderos, lo que ha
requerido normar mejores prácticas de bienestar animal para responder
mejor a las tendencias mundiales en ética y protección. De esta forma se
ha regulado la tenencia responsable de mascotas, la producción y
comercialización, el uso en el transporte y carga, entre otras. Sin
embargo, aún hay brechas que superar ya que en la industrialización aún
existen prácticas que generan hacinamiento lo cual condiciona su
desarrollo provocando que los animales presenten deformaciones en sus
extremidades, musculatura atrofiada y especímenes con claras evidencias
de estrés.
El
bienestar animal debe llevarnos a reflexionar y legislar sobre nuestra
relación con los recursos vivos que utilizamos. Diversos animales
(vacas, cerdos, pollos, peces y otros) criados para consumo humano por
su carne o productos y derivados usualmente son maltratados de manera
inhumana en granjas industriales en Chile y el mundo, por falta de
protección legal apropiada ante malas prácticas. Necesitamos una
normativa realista y apropiada para el contexto y necesidades
nacionales, pero adaptable a condiciones dinámicas, que garantice
prácticas de manejo con altos niveles de bienestar para todos los
animales. Debemos alcanzar un equilibrio entre las necesidades y
bienestar de la sociedad humana y acciones sostenibles y responsables en
el uso y aprovechamiento de los animales.
Espero
que a partir de las desafortunadas e inapropiadas indicaciones del
diputado Brito no nos quedemos en la burla y desacreditación y podamos
diferenciar los tópicos que requieren nuestra atención y trabajo
normativo. Son numerosos los estudios que han aportado evidencia
científica sobre las consecuencias del maltrato en la producción animal,
lo cual incluye por cierto repercusiones en la salud humana. El respeto
y la dignidad debe ser para todos los seres vivos. Sin perder de vista
las necesidades humanas apremiantes debemos avanzar y adoptar posturas
éticas en nuestra relación con los animales. Sin duda estamos en un
momento apropiado para cambiar las formas en que interactuamos con los
animales, para su beneficio y el nuestro.