El
mes pasado se cumplieron 35 años del fallecimiento de Jorge Luis
Borges, el destacado escritor de nacionalidad argentina. Una de las
figuras más notables de la literatura de habla hispana y universal.
También se destacó como bibliotecario, profesor, conferencista, crítico
literario y traductor. Es prácticamente imposible analizar o apreciar la
literatura sin haberse acercado a la lectura de “Ficciones” y “El
Aleph”, que son sus libros más conocidos.
Sin
lugar a duda sus obras han sido un aporte a la literatura filosófica,
al género fantástico y al posestructuralismo (trabajos de filósofos y
teóricos críticos de mediados del siglo XX que se consagraron
internacionalmente en los años 1960 y 1970).
Borges,
polémico con su genialidad. No pasaba desapercibido y no se conformaba
con el silencio mediocre, no sacaba cálculos esperando un premio, aunque
fue muchas veces galardonado se dice que nunca alcanzó el Premio Nobel
de Literatura. Fue el eterno candidato al Nobel por casi 30 años. Tanto
así que se le concedió el Premio Cervantes en 1979 y fue interpretado
como una especie de desagravio ante el olvido de la Academia Sueca.
“El
Aleph” es una recopilación de 13 relatos publicado originalmente en
1949 y en cuya reedición del año 1952 se le añadieron cuatro más. La
obra de Borges está colmada de claves cultas, siendo algunas de carácter
manifiesto y otras más encubiertas, que se basan en historias leídas
pero interpretadas desde su personalismo, aportando siempre la metáfora
perfecta. El lector se ve transportado desde los más exóticos escenarios
y los más remotos tiempos históricos hasta el ambiente familiar de las
calles de Buenos Aires y las pampas de los gauchos. El Aleph sería el
lugar en el que están sin confundirse todos los lugares del mundo,
vistos desde todos los ángulos. Como solía decir este autor: “La
literatura no es otra cosa que un sueño dirigido”.
A
parte de sus obras, este escritor fue famoso por la genialidad e ironía
de sus frases que dejaban a todo el mundo pensando. Solo por citar
algunas, como cuando se refería a lo innecesario de la fama, que tanto
obsesiona a algunas personas: “Todos caminamos hacia el anonimato, solo
que los mediocres llegan un poco antes”. O cuando se refería a la
autorrealización: “Que cada hombre construya su propia catedral. ¿Para
qué vivir de obras de arte ajenas y antiguas?”. Cómo no recordar cuando
se refería a la grandeza de leer, diciendo: “Uno no es lo que es por lo
que escribe, sino por lo que ha leído”.
Pero quizás una de sus frases más vehementes fue: “Las tiranías fomentan la estupidez”.
Ojalá
en nuestra sociedad haya más personas que aprecien sus cuentos, poemas y
ensayos, pero sobre todo la reflexión y el mensaje que existen detrás
de sus frases.