Los
niños, adolescentes y jóvenes serán los más afectados por la pandemia.
Llevamos más de un año con una irregular entrega educacional, lo que
será notorio en los próximos años. Pero lo peor de todo es que esta
pandemia con casi nulas clases presenciales afectará aun
más a los menores de estratos socioeconómicos bajos, porque ellos han
sido los que menos entrega de contenidos han tenido. Esto agrava aun
más las grandes deudas que han dejado todos los gobiernos y que ni
siquiera la Reforma Educacional ha logrado disminuir, que es la notoria
desigualdad que existe en nuestro país y que es el punto clave. Si
observamos el rendimiento entre los diferentes grupos socioeconómicos,
nos damos cuenta de que en Chile es altamente inequitativo,
considerablemente más que en Argentina, Brasil y Colombia, y similar a
Uruguay, Francia y Hungría. Según estudios, uno de cada dos alumnos de
nivel socioeconómico bajo obtiene un resultado insuficiente en la Prueba
Simce de Matemática, solo
uno de cada 10 niños en el nivel socioeconómico alto se encuentra en
esta situación. Ello resulta directamente inaceptable y nos lleva a
pensar que la prioridad del país en este minuto radica en elevar la
calidad de la educación de los más vulnerables, ya que solo de esa forma se alcanzará una sociedad más libre y justa. Para ello es
clave ampliar la cobertura y mejorar la calidad de la educación
parvularia, mejorar la calidad de los docentes y perfeccionar el sistema
de financiamiento, inyectando más recursos y de forma más equitativa.
La mayoría de los recursos de la Reforma Tributaria deberían destinarse a estos ámbitos, con foco en los niños y jóvenes más vulnerables, y partir desde abajo, desde la infancia, ahí es donde más hay que nivelar.