Breve historia de un fracaso

Las decisiones de un gobierno jamás son técnicas sino políticas, incluso cuando se dice se adoptó un “criterio técnico”, o “científico” o como se diga. Ello importa un acto político, lo que a menudo no se quiere entender. Pero ha quedado una vez más demostrado con lo acontecido este lunes 14 de diciembre con la sorpresiva “pasada” a fase dos de la ciudad de Punta Arenas cuando se iniciaba un proceso de rebelión civil que iba a impactar -y lo hizo- a todo el país. Muy rápidamente Punta Arenas “cumplió” todos los criterios “sanitarios”. Un gobierno que no gobierna, ni siquiera administra, es incapaz de soportar una sublevación social que por ahora parece haberse detenido, no cancelado.

Han sido muchos meses de decisiones políticas erróneas. Nuestro país es cada día menos soberano y mal podría ser tal con un gobierno derrocado desde octubre de 2019. Ante el anuncio de la pandemia que curiosamente recién se declaró en marzo, Chile se plegó a ojos cerrados al plan de la OMS- o sea ONU- pese a alguna resistencia que el ex ministro Jaime Mañalich opuso a las cuarentenas. Sin ser organismo técnico sino gremial, el colegio médico se entrometió a jugar un rol político de las ideas globalistas de izquierda que preconizaban la paralización (y destrucción) del sistema económico y el establecimiento creciente de un sostén de la dadiva del Estado a los ciudadanos. Michelle Bachelet lo confesó hace pocos días en una conferencia en la Gran Logia de Chile, de como la ONU aprovechara la pandemia para establecer unnuevo orden mundial.

La “estrategia” impuesta por el gobierno de Chile se ciñó a las pautas ONU: cierre de fronteras, encierro de los habitantes en sus casas, cierre de todas las actividades consideradas “no esenciales”. Y el Estado entregando subsidios para la subsistencia. En contraste muchos otros países especialmente de la OCDE optaron por estrategias de convivencia con la pandemia y mantener abierta la economía. Sus índices son notoriamente mejores que los de nuestro país que, con esa mentalidad tan propia de “hacerse el leso” frente a los problemas, soslayó la “segunda ola” iniciada en Magallanes y que ya no se podía controlar con las pautas de la primera. Entonces estuvimos casi cuatro meses en la nada y sin sentido, porque el caramelo de la vacuna mágica no convence a nadie como solución a un problema integral y que en su raíz es político, como toda la pandemia y la forma de enfrentarla.

Mención aparte de la alegría y solidaridad con los empresarios en vías de arruinarse (otros ya se arruinaron y desaparecieron), es chocante comprobar que todo ha sido y es política. Demostración que las normas en Chile se cumplen solo si conviene; que no existe gobierno y la “administración” no sabe como salir de esto, ni tampoco quiere, porque la pandemia ha servido para avanzar sin oposición ciudadana en el desmantelamiento económico e institucional a fin de hacer realidad el abrazo globalista que la clase política y los medios tratan de ocultarnos pero ya no pueden.

Un año entero, perdido, retrocedimos varios años y no sirvió de nada. ¿Quién responde?

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