Brutalidades del sistema

La pandemia sigue siendo
una historia apocalíptica de Hollywood hecha realidad. A cuatro años
de su inicio hoy lo vemos como anécdota, pero fue un periodo oscuro para
la humanidad. En nuestro país fallecieron miles de chilenos(as) por el
ataque directo del virus o sus secuelas. La muerte golpeaba nuestra
puerta, pero había tanta confusión y sorpresa, que muchos no
magnificaron la gravedad de la situación.

Se
detuvo toda actividad comercial. En su momento, los buques cisterna
esperaban frente a los puertos del mundo sin tener donde dejar el
petróleo, porque no se demandaba combustible. Todos en cuarentena.

Los
países reaccionaban de acuerdo a su presupuesto o capacidad de
endeudamiento para salvar la situación. Por un lado, tener recursos
para abastecerse de vacunas para la población. La demora a nivel mundial
fue de 1 año y 5 meses en ser aprobadas por la FDA, desde que el Covid
se declaró como pandemia.

Dentro
de este escenario, se encargó en agosto de 2020 al SII la entrega de un
bono de clase media de $500.000 por ciudadano que cumpliera ciertos
requisitos. Por un error de excesiva confianza, 478.000 confusos
ciudadanos, de un total de 1.600.000, a quienes no les correspondía el
bono, erróneamente lo solicitaron y fueron otorgados. Interacción
directa entre el contribuyente sin intermediación de contadores. Eso
significo “perder” 256 millones de dólares, equivalente a 197 mil
millones de pesos. El ex director del SII, Fernando Barraza, entregó
recursos indebida y equivalente a 2.500 casas. Pero su negligencia no
tuvo sanción, escudándose en que la normativa se basaba en la confianza.
Por mucha confianza que un carabinero tenga en la gente, si ve
saltando el cerco de una casa a un encapuchado, mínimo lo detiene para
que explique por qué esa actitud.

Este
mes, un pensionado me informaba que esa deuda se había incrementado en
$136.000 por IPC (inflación), y $553.320 de intereses y multas, dando un
total a pagar de $ 1.189.320. Situación que para un pensionado es
impagable al contado, y en cuotas no deja de ser monto importante
considerando lo bajo de las pensiones.

El
Estado benefactor entregó recursos sin filtro, apelando a que todas las
personas, en una época de pandemia, sin ninguna preparación financiera
ni tributaria, va a entender instrucciones. El responsable se lava las
manos porque la normativa apela a la confianza, siendo que un organismo
fiscalizador debe prever cualquier posible situación anómala. Y castiga
al ciudadano con multas e intereses, como si ya no fuese suficiente
castigo el IPC que llegó a un nivel histórico.

Estimado
lector, no todo lo que brilla es oro, el Estado es un ente intocable, y
en donde en algunas cúpulas gubernamentales encontramos burócratas de
turno, que no tienen mayor interés que simplemente hacer su pega
apegándose a leyes incompletas o mal hechas, sin importarle las
consecuencias para el ciudadano. Ellos están de paso, y nosotros
cargamos sus errores de por vida.

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