Cada uno ve lo que quiere ver

Después
del debate de los candidatos presidenciales han salido todos los
representantes de cada uno de ellos a dar sus opiniones de expertos en
la materia, halagando las virtudes de los suyos y destruyendo
descarnadamente a los demás. Todos hablarán de claridad, expresividad,
calidad del personaje y procurarán con el don de la palabra decir que
aquel es el único que puede hacerlo bien para gobernar el país. Es
natural, no se puede esperar que alguien haga un guiño a un contendor,
porque eso es perder votos, cuando lo que hay que intentar es
capitalizar la poca credibilidad que (salvo algunos) tienen en el
espectro nacional.

El
permanente cuestionamiento y ridiculización de los demás es lo que ha
llevado a la polarización extrema que tiene nuestra sociedad. La lucha
por el poder y el convencimiento que tienen diversos personajes de que
pueden ser buenos presidentes se contradice con la visión que la
comunidad tiene de cada uno de ellos. Hay una especie de arrogancia en
algunos que, a pesar de que no marcan mucho en las encuestas, se
consideran como la salvación del futuro de un país. Mucho mirarse al
espejo y poco mirar por las ventanas es su principal error. Ha quedado
revelado con la situación del retiro del 10% hecho por personeros (que,
por sus remuneraciones del momento, no pueden justificar más que la
reinversión de los mismos) que han estado cuestionándolo hasta la
amenaza.

La
alineación por convencimientos de ideas tiene a una primera línea de
apoyo dura que es muy, pero muy delgada. Muchísimos miles de personas
buscan en los candidatos al mal menor, a aquel que se aleje de las
posturas tradicionales, a las mentiras institucionalizadas, a los
disfrazados o aparecidos, y adhiere más por rebalse que por entender sus
programas. Quedan pocas semanas para esto y se irán desgranando los
argumentos contradictorios que sus programas tienen, hasta quedar en el
borrador inicial. Eso es lo que importa a las máquinas montadas para
perseguir obtener la primera mayoría. Luego vendrá el balotaje y se
definirá todo. Los contrincantes de antes tendrán que unir fuerzas para
evitar que el otro conglomerado tenga alguna posibilidad de éxito.

Y
a pesar de los aires de cambio, de los gritos de dignidad, de tratar de
hacer un país más solidario, las trincheras ya están trazadas y cada
uno va colocando su artillería para comenzar a racionalizar su uso en la
medida que avancen las campañas. Tras suyo está el pueblo que desea ese
cambio, mejoría en su presente y futuro y condiciones óptimas para
desarrollar su emprendimiento, vida laboral o profesional.

Cada
uno ve lo que quiere ver. Y muchos están miopes. Solo ven al amigo,
compañero, como una ilusión, y por más que destaquen sus atributos de
gestión, origen o habilidad para discursear, si no se es conocido y
difundido por los medios la carrera será demasiado corta. A la mayoría
les falta alzarse por sobre la muchedumbre o asomarse a sus balcones y
observar el horizonte, única manera de darse cuenta de que lo que existe
es mucho más que el escaso entorno en que nos toca vivir; que hay miles
de realidades tan distintas y dolores y deseos tan diversos que no hay
discurso posible que los aúne a todos. Por ello el resultado será
gatopardista en muchos de los casos.

Si
hace unos años una frase de eslogan o una canción pegajosa eran
suficientes para desarrollar una campaña, ahora con la proliferación de
las redes sociales se han multiplicado hasta la saciedad las opiniones
de la ciudadanía, y todos, absolutamente todos, tienen aspiraciones
diferentes. Se coincidirá en algunos casos, pero no en todos, y obliga a
tener discursos relativos: que no dañe al que cree y que trate de
conciliar lo que otros aspiran. Por ello se produce tal confusión de
ideas que la gente llega a entender que son todos similares y la
búsqueda queda reducida así: “El menos malo”.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS