El
fin de semana, una vez más, se observó una juventud descontrolada por
varias horas en calle Lautaro Navarro, en donde la competencia entre
automovilistas, combinado con alcohol, derivó en distintas expresiones
de violencia. Si bien mucha gente se mostró sorprendida, especialmente
en redes sociales, los vecinos del sector son testigos de que
los hechos observados son permanentes desde ya bastante tiempo (años),
sin que ninguna autoridad o institución tome cartas en el asunto. Y en
realidad parece tierra de nadie, no solo por las acciones impunes en un área foco, sino especialmente por el abandono de las autoridades. Son calles sin ley ni orden.
Hacerse
cargo del problema implica una serie de intervenciones coordinadas de
inmediato, a mediano y largo plazo, más allá de la presencia policial
-que tampoco existe-, que involucren a la comunidad en su conjunto. Para
ello se debiera considerar que, para una problemática multicausal, se
requiere de esfuerzos múltiples estrechamente coordinados, que permitan por un lado anticiparse y prevenir, y, por otro, abordar este creciente fenómeno de violencia con apego a la legislación vigente, su persecución penal y sanciones.
Aquí
hay pilotos que en forma temeraria se toman las calles (y veredas)
quemando neumáticos, haciendo trompos o piques, por horas en la
amanecida, sin que nadie ejerza control. Aquí hay jóvenes que salen
intoxicados de alcohol desde los locales nocturnos, sin que nadie
controle la ingesta, provocando riñas o son objeto de abusos de todo tipo al no gestionar los riesgos de su consumo. Aquí también se observa a
menores de edad que transitan hasta la madrugada con o sin el
conocimiento de sus padres, madres o adultos cuidadores. Sin duda los
jóvenes son responsables de sus actos, pero aquí se extraña sobremanera también el involucramiento y control parental, los vecinos, los dueños y administradores de locales nocturnos, la municipalidad, Gobierno, Senda, Seguridad Pública y las policías. No sé si el orden es correcto, o si faltan actores, lo que tengo claro es que el problema no se trata solo de fiscalizar, como enfatiza el alcalde, aquí se requiere prevenir, educar, gestionar los riesgos, y controlar y sancionar.
En el caso del sector centro se requiere con urgencia: (1) Definir con claridad el o los problemas; (2) Identificar
las causas y los factores de riesgo; (3) Diseñar y coordinar
estrategias de intervención, y (4) Dar continuidad e incrementar las
intervenciones efectivas y/o basadas en evidencia, que permitan asegurar
una progresiva baja de factores y conductas de riesgo.
Mientras,
algunas sugerencias: a) Aumentar la capacidad de las distintas
instituciones para ofrecer servicios de prevención, control y
fiscalización al consumo de alcohol y su incompatibilidad con la
conducción; b) Retomar programas y políticas comunitarias preventivas
(hasta ahora desechados por el municipio local) para los grupos involucrados (NNAJ, padres y madres,
dueños de locales nocturnos, vecinos, entre otros); c) Formulación de
estrategias, planes de acción y actividades integrales para reducir el
consumo de riesgo y problemático de alcohol y el manejo bajo su
influencia o en estado de ebriedad; d) Designación de un organismo o
institución responsable que se encargue del seguimiento de las políticas
y las estrategias, junto a la coordinación de las acciones de los
diversos actores involucrados; e) Efectiva fiscalización a la
legislación vigente y sus recientes actualizaciones.
Se debe, sobre todo, dejar de evadir responsabilidades y hacerse cargo de un tema que no solo causa inseguridad ciudadana, sino que afecta la calidad de vida y tarde o temprano derivará en problemas aun más graves. La pega es ahora, y es prioritaria.