Hace
algunas semanas se abierto el debate de la importancia de hacer
modificaciones al sistema político, un sistema que hoy se encuentra en
la UCI y que urge que sea modificado para poder avanzar en cuanto a la
democracia de nuestro país.
La
reforma del sistema político es un ámbito intersectorial amplio en
materia de orden institucional, con temas doctrinarios y culturales de
política, relacionados con la generación, ejercicio y reproducción del
poder político en la sociedad. Por sistema político se entiende al
conjunto de normas, reglas, costumbres, prácticas que, en un sentido
amplio de antropología social, organizan la competencia por el poder
político entre los actores.
Tanto
en el oficialismo como en la oposición reconocen que es indispensable
hacer ciertas modificaciones e incluso desde el Senado están dispuesto a
presentar un proyecto de Ley transversal para que esto ocurre e incluso
estarían las firmas pertinentes para presentarlo. Uno de los senadores
que está dispuesto a llevar este proceso adelante es el militante del
Partido Socialista Alfonso De Urresti, sin embargo, durante la última
semana voces del oficialismo le han expresado al parlamentario que es
mejor esperar, pero, ¿esperar qué? ¿ha que le temen los políticos?
Hoy
son los políticos los propios incumbentes frente a este tema, ellos
estarían modificando sus propias reglas y quienes se podrían ver
mayormente perjudicados es justamente el oficialismo y por lo mismo
llaman a la calma e incluso a ir más lento.
Algunas
de las propuestas del senador PS contempla establecer un umbral mínimo
del 5% para que un partido acceda a representación parlamentaria, así
como la pérdida del escaño en caso de que un parlamentario renuncie al
partido por el que fue electo, todo ello en consonancia con los acuerdos
que transversalmente se habían alcanzado en la Comisión Experta y luego
en el Consejo Constitucional, en el marco del segundo proceso
constituyente. Ningún cambio de fondo al sistema político podría dejar
de establecer estos puntos, porque de lo contrario sería muy difícil
combatir la atomización que hay dentro del Congreso -con una veintena de
partidos-, lo que termina afectando gravemente la gobernabilidad.
Ahora
queda sólo esperar que una vez más los políticos sean capaces de
ponerse de acuerdo y que estén dispuestos a perder privilegios e incluso
espacios, porque la ciudadanía ya está cansada de la falta de acuerdos.
Chile quiere un cambio y debemos partir por la modificación al sistema político.