En sólo cuatro años, los
campamentos se duplicaron y tenemos a 100 mil familias viviendo sin
agua potable ni alcantarillado en verdaderas ciudades informales donde
el Estado no tiene presencia ni control, lo que permite que mafias se
tomen terrenos y los vendan. Grupos similares controlan el comercio
informal mientras que en la Macrozona Sur, organizaciones terroristas
tienen secuestradas a 2 millones de chilenos y han destruido sus
templos, escuelas, asesinando a carabineros y líderes vecinales.
Hace pocas semanas el subsecretario de salud informó que este año, 21 mil chilenos
murieron esperando un tratamiento debido al colapso del sistema
hospitalario. El caso de la vivienda -que conozco de cerca,- las esperas
superan los 10 años, debido una enervante burocracia al interior de
ministerios y municipios. El ministerio de educación informó que 50 mil
niños han desertado del sistema escolar y supimos que el ministerio de
Desarrollo Social suspendió programas de ayuda para 25 mil niños
vulnerables, lo que es una bomba de tiempo, ya que estos niños podrían
ser reclutados por las bandas que dominan barrios completos lo que
explica el aumento de los delitos violentos.
Hago
este breve relato, para mostrar lo extemporánea que resulta la
discusión constituyente pese a que sus promotores dicen que es posible
“caminar y mascar chicle”, atendiendo las urgencias sociales y la nueva
Constitución.
¿Pero
pueden hacerlo?. Vamos a los hechos. En la discusión constituyente se
han realizado decenas de reuniones entre gobierno y oposición hasta
altas horas de la noche y jamás se ha visto algo parecido para abordar
las crisis de seguridad, salud o vivienda. El discurso de “los niños
primeros” quedó sólo en palabras, ya que los ministros de educación y
desarrollo social ni siquiera fueron interpelados por la deserción o la
suspensión de programas. ¿La razón? Chile Vamos (CHV) está completamente
abocado al proceso constituyente.
Hace
algunos meses, golpeó la mesa cuando se supo que un director de Metro
había llamado a evadir el pago del pasaje en el estallido y exigió su
salida como condición para aprobar el presupuesto. ¿Qué pasó al final?
CHV aprobó el presupuesto, el director sigue en funciones y la evasión
del Transantiago superó el 40%, una cuenta que deben pagar los chilenos
de Arica a Magallanes con sus impuestos.
Los
nuevos partidos que venían a renovar la política han caído en el mismo
embrujo constituyente. “Amarillos” para exigir una convención designada
por el Congreso y “Demócratas”, para pedir lo contrario. Del resto de
las urgencias sólo se escuchan cuñas, pero ninguna propuesta concreta.
Esta desconexión es insostenible.
Las crisis en salud, seguridad o educación terminarán reventando y ni
la mejor Constitución del mundo podrá arreglar el daño que esto generará
en la población y especialmente en los niños que son el futuro de
Chile, un futuro que se ve cada vez más sombrío por la indolencia de
nuestros políticos con los dolores que afectan a los chilenos.