Al momento en que escribo esta columna, todavía existen dudas e
intrigas de palacio en Santiago acerca de la posible suspensión de las
elecciones programadas para los días 10 y 11 de abril.
Como
economista y como ciudadano preocupado por los asuntos públicos, he
señalado ya en numerosas oportunidades los costos que implica para las
regiones alejadas de Santiago depender enteramente del gobierno central.
Nuevamente, las cúpulas partidarias santiaguinas están especulando (y
calculando) con nosotros, sin siquiera consultarnos.
Magallanes
es hoy un ejemplo a nivel nacional, respecto del proceso de vacunación.
Nuestros indicadores han mejorado, y estamos cerca de lograr un
equilibrio digno de aplausos. Los magallánicos, con esfuerzo y tesón,
han logrado combinar el respeto a las normas sanitarias con las ganas de
trabajar, de emprender, de seguir adelante. No podemos desviarnos de
ese camino.
El
14 de marzo de 2020, tres días antes de que se presentara el primer
caso de Coronavirus en Magallanes, presenté al gobierno central un Plan
de Acción Económico para nuestra región. Como tantos otros, no fui
escuchado. Mi Plan se basaba en un estudio riguroso que hice, con el fin
de mostrarles a las autoridades que Magallanes tiene dinámicas propias,
y que no se podía aplicar un modelo genérico a todo el país. Cada
región tiene sus particularidades productivas, habitacionales e incluso
climáticas. Sabemos, por ejemplo, que en lo que toca al tema
gastronómico, cualquier comercio encontrará muchas dificultades a la
hora de fomentar el uso de los espacios no cerrados. Más adelante, ya en
septiembre/octubre, volví a presentar otro Plan, esta vez acompañado de
las firmas de médicos, economistas, ingenieros, emprendedores y
dirigentes sociales en el que una vez más señalábamos al gobierno
central los riesgos sobre las cuarentenas sostenidas en el tiempo.
En
Magallanes debemos poner en primer lugar los intereses y necesidades de
nuestra gente, de nuestra región, por eso el proceso de
descentralización es fundamental, ya que no podemos seguir dependiendo
de los caprichos centralistas, que priorizan lo que sucede en Santiago y
nos hacen pagar a todas las regiones el costo de las decisiones tomadas
unilateralmente por ellos. El 10 y 11 de abril debemos poner a
Magallanes por encima de todo, más allá de las ideologías y de nuestras
divisiones internas. No dejemos nuestro destino en manos de los
caprichos centralistas de siempre.