Hagan un ejercicio,
vayan donde un niño o niña y pregúntenle qué quiere ser cuando grande.
Bombero, astronauta, médico, recolectora de basura, piloto y un largo
etcétera que por años se van repitiendo, salvo una excepción… Hoy es muy
difícil escuchar a los más pequeños soñando con ser carabineros.
El
descrédito de la institución no es culpa de los marxista leninistas, ni
de la invasión extranjera o de los terraplanistas que se propusieron
destruir a los fundados por Carlos Ibáñez del Campo hace ya casi 100
años. El colapso es producido por años de violencia injustificada, por
abuso de poder de quienes justamente tienen más poder, por las
constantes violaciones de los derechos humanos (y con más fuerza desde
el estallido social) y por los robos conocidos por todos los chilenos y
la opinión pública.
Hace
unos días pudimos escuchar a la futura ministra vocera de Gobierno,
Camila Vallejos, explicando que se necesitaba hacer cambios urgentes en
Carabineros y que el Gobierno del presidente Boric estaba decidido a
realizarlos. En hora buena dicho anuncio.
Una
institución que esté a cargo del orden público y que realmente se
preocupe de protegernos frente a la delincuencia y el narco es
absolutamente necesaria. Debe contar con el respeto y apoyo de la
ciudadanía, pues son imprescindibles también para la democracia de todo
un país, pero lamentablemente en la actualidad no dan el ancho. Yo no
soy experto en políticas de seguridad ni mucho menos, pero se debe ya
cambiar la lógica de lo que hemos conocido en los últimos años.
No
sé si refundar o corregir a Carabineros, pero sí hay experiencias que
han significado cambios, como por ejemplo que un civil quede al mando,
tal como ocurrió con la PDI en el retorno a la democracia. Que los
expertos metan mano y que el nuevo Gobierno nos devuelva la esperanza de
poder confiar en quienes nos deben proteger.
Se
debe terminar también con ese sesgo clasista que tiene la institución,
donde los hijos de o los con más recursos pueden entrar a la escuela de
oficiales y los “paquitos” se van
a la de suboficiales, entendiendo desde ya que no son todos iguales los
que quieren ser carabineros, forjando el futuro y ascensos no por
cualidades o capacidades.
Hoy
nadie se siente seguro, salvo la bancada de diputados de la UDI que
respalda todo y cada uno de los hechos de Carabineros. No da confianza
toparse con la fuerza pública porque no sabes cómo van a reaccionar o
cuál puede ser su actuar, sin importar quién esté al lado; acá pagan
niños y niñas, hombres y mujeres, los adultos mayores, todos por igual.
Como
experiencia personal, fueron años de constantes agresiones sin sentido
al interior de los estadios de fútbol, sin previa provocación. Palos en
las entradas, pisotones y empujones con los caballos, golpes de puños e
insultos constantes, que incluso en algún minuto llegamos a normalizar y
entender que era el “costo” que debíamos pagar por seguir a un club
determinado.
Entendiendo
que los Robocops, Capitán Planeta, Batman e, incluso, El Chapulín
Colorado son personajes de ficción, necesitamos un cambio que nos cuide
ahora.