Carta a Gabriel Boric

Estimado Gabriel:

No
tengo el placer de conocerte en persona. Solo hemos intercambiado unos
tweets. Me hubiera gustado encontrarte en algún programa regional de
conversación, pero todos sabemos que no te expones ni te exponen al
debate, menos con un magallánico común y corriente como yo.

Tenemos
que reconocer que tu “tía” Sandra Amar te facilitó las cosas. Siendo
ella la única parlamentaria oficialista de Magallanes, nunca te llamó al
“orden”, como lo haría una tía preocupada por su “sobrino” revoltoso.
Esas cosas pasan, en Punta Arenas más que en otras partes.

Solo
me queda expresarte mi preocupación en esta carta, considerando que te
has presentado al cargo público más importante del país y reconozcamos
que tienes la decreciente posibilidad de convertirte en Mandatario.

Me
preocupa que tus ideas hayan sido elaboradas sin rigurosidad y
parchadas por jóvenes profesionales sin mayor reconocimiento en el campo
laboral, aunque eximios en el mundo de la subjetividad. No lo digo
porque no hayas completado tus estudios en leyes, no sepas de economía o
porque pretendas ser el padre temporal y refundacional de Chile, a
pesar de tu eminente falta de patriotismo que instiga un Estado
Plurinacional descomponiendo nuestra nacionalidad chilena. También,
¿debiéramos avergonzarnos de ser magallánicos y dividirnos entre
inmigrantes, aborígenes australes, aborígenes inmigrantes, nuevos
inmigrantes, etc.? Me temo que sigues al pie de letra a Gramsci para
deconstruir nuestra cultura, la sociedad y la familia como su pilar.

Ser
Presidente de un país requiere experiencias del corazón (emocionales) e
intelectuales infinitas. Estarás de acuerdo conmigo, que no se puede
llegar a la Presidencia para aprender lo elemental o equilibrar las
emociones. De lo contrario, caminarás como pato cojo y el país ha tenido
suficiente de ello los últimos años. Perdón que te lo diga, pero fuiste
tú quien reconoció que no tenía la experiencia para ser Presidente.
Entonces, ¿qué cambió en ti en tan poco tiempo?

Gabriel,
debo reconocer que me atormenta tu vacilación y de quienes te acompañan
frente a la violencia. Previo al estallido delictual, consideraste la
evasión del Metro como un acto legítimo de desobediencia civil. Han
pasado casi dos años, la violencia ha cobrado muchas vidas, pero solo te
reúnes con mapuc
hes
en conflicto o presos de la revuelta… jamás con sus víctimas. Eres
consecuente en tu revolución, revolución que nunca ha traído prosperidad
a ningún pueblo en la historia. Las palabras de concordia son ajenas a
tu vocabulario y cambias de idea tantas veces como sea necesario.
Reconocer públicamente que te equivocas es una manipulada tendencia.
Eres líder, aunque tus seguidores drogados por el odio, te funan, funan a
tía Picachu, funan hasta a sus madres… con el puño izquierdo alzado. Me
pregunto, ¿no serás tú quien encarna a Robespierre de nuestros tiempos?
Recuerda que él una vez en la cima del poder, lideró el régimen del
terror enviando a decenas de miles de personas a la guillotina. Sin
embargo, la tensión entre sus propios bandos, concluyeron con la cabeza
de Robespierre rodando. Lo digo retóricamente (arte en que tú demuestras
destreza), porque no

te gustó la amenaza de Daniel Jadue, líder comunista de tu conglomerado
político. Si eres Presidente, te respetaré como Jefe de Estado. Pero,
¿te respetará tu propia extrema izquierda? ¿Qué harás con los comunistas
que son tus aliados en la presidencial y parlamentarias, pero son
adversarios en la Convención? ¡Linda convivencia para la gobernabilidad
del país te espera!

Tu ambición de poder, aunque de color distinto y sin un proyecto país, se equipara al Presidente. Sé que no me responderás. Entiendo que te es más cómodo “pasar”.

Cordialmente, Manuel Correa.

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