Si en el país existen
aún 1.292.521 personas que viven en una situación precaria, y si la
cifra llega a 3,3 millones si se consideran ítemes como educación, salud
y trabajo, tenemos poco que celebrar por la encuesta Casen 2022. Los
que celebran o alaban las cifras, lo hacen pensando en la reducción de
la cantidad de personas pobres en el país, pero no reparan en la
cantidad de personas que podría caer en esa línea de la pobreza
nuevamente por pequeños factores exógenos ellas, y que los resultados
están influenciados por los subsidios del estado.
Para
que usted tenga una idea clara de la encuesta, esta se realizó mediante
el método de trabajo de campo (casa a casa), se realizó entre noviembre
de 2022 y febrero de 2023 a través de encuestas a 72.056 hogares en 335
comunas, llegando a un total de 202.231 personas. Según los datos, la
línea de pobreza se ubicó en $ 216.849 por persona en noviembre de 2022,
es decir, un 24,5% más que lo observado en noviembre de 2020 en
términos nominales. Los subsidios, en particular, llegaron a casi $ 68
mil, y lo más cercano a esto había sido los $ 60 mil registrados en
2020, que ya eran prácticamente el doble de lo observado en mediciones
de años anteriores. En resumen, gran parte de la reducción de la pobreza
tiene relación con subsidios estatales, más que con la oportunidad de
acceso a más y mejores trabajos bien remunerados y permanentes en el
tiempo.
Los
datos menos alentadores están en el género femenino y lamentablemente en
regiones extremas. Pese a que la pobreza retomó la trayectoria a la
baja observada previo a la pandemia, por género persistió la brecha. El
6,1% de los hombres son pobres y 1,9% extremadamente pobres, en tanto
las mujeres presentan tasas de 6,9% y 2,1%, respectivamente. Por
regiones, el descenso fue generalizado, aunque en algunos casos se trata
de cifras llamativas. Es lo ocurre en el norte con Tarapacá (11%) y
Arica y Parinacota (9,2%) -zonas donde la migración ha presionado-;
mientras que en el sur los peores registros siguen por el lado de Ñuble
(12,1%) y La Araucanía (11,6%).
Lamentablemente
la región de Magallanes tiene un 3,4% de pobreza (que incluye la
extrema pobreza y la pobreza) y un 6,9 de pobreza multidimensional,
cifras extremadamente altas si consideramos los factores que la
provocan, esto es, un elevadísimo costo de vida en comparación con otras
regiones del país, un clima extremo que hace la vida aún más difícil,
la burbuja inmobiliaria que tiene jaque a las autoridades del área, la
menor posibilidad de emigrar de la región u optar a trabajo en otras
comunas cercanas, la precaria tasa de generación de empleos y la baja
calidad y poca cantidad de oferta en salud, educación y vivienda.
Frente
a esta realidad, tengo la convicción de que las autoridades regionales
deberán cambiar sus prioridades, porque no sirve de nada construir
elefantes blancos si mi vecino no tiene casa propia, trabajo estable o
algo para “echarle a la olla”.