El
8 de marzo pasado se cumplió un año del brutal asesinato de Elizabeth
Mella y no hay culpables. Una pena por sus familiares, que no han podido
cerrar una puerta negra en sus vidas, por no saber la verdad del caso
de una mujer que perdió la vida en manos de mentes desgraciadas justo en
el Día Internacional de la Mujer. La inimputabilidad viene siendo una
constante en nuestra Región de Magallanes. Desde el estallido social, el
vandalismo se tomó las calles y muchos culpables de la destrucción
están absolutamente libres. El año pasado hubo una masiva y transversal
molestia en la comunidad magallánica,
la campaña lanzada por un grupo de supuestos defensores de los derechos
humanos en favor de la liberación de detenidos por desórdenes, saqueos,
destrucción y vandalismo con posterioridad al 18 de octubre de 2019.
Estas agrupaciones anhelaban impulsar proyectos de ley con los que se
quiere establecer reparación a las víctimas y amnistía para los
denominados “presos de la revuelta”. De esa forma se pretendía avalar la
inimputabilidad a la delincuencia en nuestro país y de la que a diario
muchos somos víctimas. En Magallanes ya nos estamos acostumbrando a
hechos que antes no ocurrían. Tras el estallido social, la mayoría de la
destrucción y vandalismo en el centro de Punta Arenas fue protagonizada
por jóvenes encapuchados que hoy gozan de plena libertad. Los estudios
revelan que la mayoría de los delincuentes que roban, asaltan personas,
casas habitadas o deshabitadas, lo hacen por la necesidad de obtener
recursos económicos para adquirir drogas para su consumo habitual, pero,
también las estadísticas informan que muchos niños y jóvenes delinquen
por acostumbramiento de experiencias adquiridas de sus propios
progenitores, que han hecho de sus vidas una escuela del delito y así,
se van transmitiendo estos conocimientos y habilidades delictuales de
generación en generación. Desde hace casi una década en Punta Arenas, la
intranquilidad nocturna se ha apoderado de la población. Hoy la
ciudadanía espera y con justa razón, que algún día haya más tranquilidad
en las calles y plazas de nuestra hermosa ciudad. Hay que implementar
planes y estrategias eficientes que permitan disminuir esta guerra
desatada que estamos presenciando a diario y que no nos permite vivir
tranquilos.