Cavilar, es tiempo de

Cavilar, ¿qué es? Pensar, reflexionar, meditar, razonar, examinar, soñar, concentrarse, reconcentrarse, profundizar.

– ¡Tanto! ¿Todo a la vez?

– ¡No!

Cavilar
es, en fin, distintas maneras de dar vueltas a una idea o a variadas
ideas que bullen en nuestro cerebro, en nuestra cabeza.

En
este tiempo, y no solo hace pocos días, no pocas semanas, sino algunos
meses, cavilar fue una acción individual, o compartida, que pudo tener
características trascendentes, cruciales.

Cavilar
fue necesario, porque, a unos más, a unos menos, les ha ocurrir algo
parecido, las ideas, las variadas propuestas de ideas a unos les
producen interés, a otros, inquietud, si no contrariedad. Es probable
que algunos hayan adoptado una decisión, conforme han pasado los meses,
las semanas, los días y las horas. Es probable que para algunos el timón
esté fijo hace años, y no ven razones para dar golpes o giros a ese
timón. Otros, sorprendidos a cada vuelta de las manecillas del reloj o
por cada hoja que cae del calendario, buscan claves para hallar razón
meridiana a la decisión que han de adoptar o debieron adoptar algún
domingo. Y no son pocas razones, no. No se trata tan solo de otear el
horizonte a veinticuatro horas más, se trata de imaginar el espacio, el
entorno en los próximos años, ni siquiera cuatro años, no todo tiene que
ver con ese periodo, son más los años, es más larga la medida de
tiempo. La decisión, mediando una raya vertical, tiene que ver con
futuro, sueños, paz, tranquilidad, sosiego, ventura
buena,
justicia, verdad, crecimiento, desarrollo, equilibrio, salud,
educación, calidad de vida, protección del medioambiente, y más, más,
muuucho más.

– ¿Por qué cavilar yo?


Porque si tú lo haces, ese será un buen comienzo. Si cavilamos otros,
dado que nos atinge, nos sumaremos. Y verás cómo sabremos que,
independientemente del resultado, es una decisión buena, y no azarosa,
arriesgada, ausente, o quizás errada.

Y
así como hemos participado en la adopción de decisiones trascendentales
que nos atingen a todos, ya sin egoísmos, sin prebendas, se nos
avecinan nuevas, sucesivas y cruciales decisiones que requieren nuestra
participación.

Cavilar es imprescindible. Cavilar es instancia previa de actuar, definir, decidir, tomar acuerdos o participar de ellos.

Cavilar es ponerles coto a los sueños, encauzarlos, hacer que sean posibles.

Cavilar
se asocia con la reflexión, la prudencia, la sensatez. Si nos
aficionamos en este empeño, controlaremos nuestros impulsos primarios, y
tenderemos al diálogo, a la extensión de nuestras ideas, nuestros
sueños, nuestras convicciones, nuestros sentimientos, nuestros
conocimientos, nuestras experiencias, y sabremos de las experiencias,
conocimientos, sentimientos, sueños, convicciones, ideas de los demás.
En ese cotejo, en ese ir y venir, debemos proc
urar la armonía, el acuerdo, el equilibrio, el consenso.

¿Es posible? Sí, creo que sí.

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