Celebraciones de fin de año

Como especie humana, hemos situado en un lugar preferencial nuestra habilidad y sapiencia para distinguir y diferenciar los hechos poco frecuentes de aquellos cotidianos y recurrentes y también para explicar, no sin falta de ingenio, los numerosos episodios naturales a los cuales nos hemos enfrentados desde el inicio de la civilización, incluyendo por cierto nuestro propio origen y el del Universo, y las complejidades de la dicotomía vida-muerte. Ello debe haber incidido en la existencia de grandes y reveladores mitos y leyendas, y que paralelamente han incidido en la generación de celebraciones destinadas a mantener, en la memoria histórica de pueblos y de civilizaciones, aquellos sucesos que permiten un ordenamiento, una justificación y un sometimiento de los modelos de sociedades que hemos ido constituyendo a lo largo de la historia. Es probable que las celebraciones que ocurren el término de un año calendario estén dentro de las más significativas, tanto por su alcance mundial como por su relevancia personal y religiosa. En especial, se puede consignar la navidad que recuerda y celebra el nacimiento, en un pobre pesebre, de Cristo y que permite dar sentido a la existencia y conducta humana, sobre la base de un fin último y superior que trasciende a lo meramente natural. Esta visión de carácter universal, ha trascendido fronteras, lenguajes y civilizaciones, incorporándose al acerbo cultural de muchas realidades diferentes, pero teniendo como común denominador al prójimo y a la capacidad de dar y recibir amor. Aún en medio de una severa y dramática crisis social por la que sigue atravesando nuestro país, esta socialmente amplia celebración se consumó, ahora quizás con un cierto retorno a los conceptos originales que posibilitaron su inicio y posterior desarrollo, dadas las condiciones y demandas sociales que surgieron desde debajo de la gran alfombra chilena. Mas, fue imposible desligarse del contenido economicista que cubre indisimuladamente las muchas debilidades humanas, expresadas en egoísmos, intolerancias y desigualdades y nuevamente el mercado se impuso con sus luces de artificio que no iluminan necesariamente la condición y dignidad humana. Con todo, la navidad cumplió su trascendental misión que permitió renovar “la tradición de un ideal de principios inspiradores”. Desde una perspectiva ajena a los dogmas propios de la religiosidad y siguiendo ideas liberales de los siglos XVIII, XIX y XX, la masonería ha propuesto una mirada que intenta soltar al ser humano de las ataduras que impone necesariamente la ignorancia, y dentro de la cual se instala como aliados permanentes la mediocridad y el poder mal habido. Esta mirada no es otra que caminos dedicados a la búsqueda del conocimiento y la verdad, a partir de lo cual es posible que emerja la libertad de conciencia y la práctica de la Tolerancia como normas de vida social. Fue el deseo intimo que albergó la pasada celebración del Solsticio de Verano. Esperamos que la siguiente celebración mundial que nos permite cerrar el ciclo 2019, contenga estos elementos fundamentales para el ser humano implícitos en las fiestas espirituales de fin de año.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS