Los Centros de Formación Técnica que hoy se encuentran en diseño para muchas regiones del país incluida la nuestra, vienen a cumplir un anhelo de tener una oferta de educación superior técnico-profesional más articulada con la educación escolar y con las realidades productivas locales.
Representa por tanto una genuina alternativa para nuestros jóvenes. Hoy un 30% de la matrícula total de la educación superior corresponde a alumnos de carreras técnicas y de ellos, un 35% proviene de la educación municipal. Así, esta realidad constituye una responsabilidad y oportunidad para el Estado, toda vez que la formación técnica, en la medida en que se entregue con altos estándares de calidad, es una fuente de desarrollo personal y colectivo. En efecto, en regiones como la nuestra, con la diversidad productiva y de servicios, se hace indispensable fortalecer la preparación de jóvenes y trabajadores que orienten sus conocimientos al trabajo práctico, las nuevas tecnologías y obviamente hacia nuestras vocaciones productivas.
La formación técnica es fundamental, no sólo por ser una opción vocacional para muchos jóvenes, sino porque constituye una base relevante para apoyar la competitividad del país. En Magallanes donde la gran mayoría de los estudiantes de enseñanza media no llega a la universidad, sino que sale del aula secundaria a vincularse al mercado de trabajo ¿qué puede ofrecerle el mercado laboral a estos jóvenes para ser ciudadanos plenos y satisfechos de su quehacer?. Muy poco, altos grados de frustración ya que muchos de ellos se encuentran carenciados económicamente. Así, la formación técnico-profesional constituye un instrumento imprescindible para mejorar la calificación de los jóvenes y de los trabajadores y, como consecuencia, mejorar su empleabilidad y la competitividad de las empresas. Por ello, esta iniciativa es una verdadera puerta abierta al futuro. Combina los anhelos de superación de tantos hombres y mujeres con la instrucción superior.
Recordar que hace muy poco los técnicos eran considerados de un nivel inferior al profesional, por eso los jóvenes preferían ir a la universidad, por el nivel social que ello le significaba, en una sociedad que lo consideraba el nexo entre el ingeniero y el obrero. Hoy en países desarrollados los técnicos son altamente requeridos y valorizados. Por ello debemos valorizar al técnico, como una de las formas de salir del subdesarrollo, impulsando la educación en general y, en particular, la tecnológica. Debemos enfrentar con claridad nuestra realidad.
Hoy egresan de las universidades muchos alumnos con título en la mano y sin las mínimas posibilidades de encontrar trabajo, con toda la frustración que eso implica. Entonces la tarea es promover el dominio técnico, el saber especializado, su aplicación y de esta manera vivir en una sociedad donde todos nos reconozcamos iguales y necesarios.