Unos
5 vehículos en promedio se retiran diariamente de las calles de Punta
Arenas según se informó hace un tiempo. No se trata de una cifra menor,
si empezamos a hacer los cálculos de cuántos automóviles más están poco a
poco convirtiéndose en chatarra en algún lugar de la ciudad y de la
región.
El
caso de los autos abandonados, lamentablemente trae aparejada varias
consecuencias. Por una parte, está la sensación de inseguridad que
representa un vehículo abandonado en la calle, el que algunos casos, es
utilizado como depósito de basura o más chatarra acumulada e incluso la
posibilidad de terminar incendiado por algún inescrupuloso.
Otro
de los efectos, tiene que ver con el de la contaminación y el hecho de
pasar a formar parte del interminable listado de vehículos que no
pierden su vida útil y terminan en el frente de alguna casa, desarmado o
el depósitos sin ninguna opción de convertirse en otra cosa o de salir
de la región.
Frente
a un parque automotriz en escalada (hablamos de varios miles nuevos por
año) y por el momento todo indica que esa tendencia continuará, nos
encontramos como ciudad en una situación compleja desde el punto de
vista medioambiental y por qué no, también desde la seguridad para
vecinas y vecinos.
Hasta
hace poco tiempo atrás, una firma nacional logró recuperar 1000
toneladas de chatarra proveniente de vehículos abandonados en la vía
pública con el propósito de conformar una nueva materia prima basada en
acero sostenible que pueda servir como material para obras de
construcción en diversas industrias.
La
Municipalidad de Punta Arenas, viene realizando importantes esfuerzos
en el retiro de la chatarra y en llamar la atención de la comunidad
sobre la responsabilidad.
Probablemente
el caso de los autos abandonados sea el más emblemático del problema de
los residuos. El tema es si, nos ponemos a sumar el problema de las
baterías, neumáticos, colchones, electrodomésticos, televisores,
periféricos de computación, y otros tantos elementos que se
habitualmente se pueden observar, especialmente en ciertos sectores
elegidos por irresponsables para depositar algunos de estos elementos.
Autoridades
ambientales han comentado que en chile, cada persona genera más de 1
kilo de residuos por día, y en el caso de los productos envasados en el
comercio, “las compras anuales generan más de 1 millón 250 mil toneladas
de residuos”, en tanto, los residuos domiciliarios llegan a 7,9
millones de toneladas anualmente, de acuerdo a información del Gobierno.
De
todas estas toneladas, sólo se recicla una mínima parte, casi un 12 por
ciento, algo que se busca superar con la nueva Ley del Reciclaje REP.
Si
nos animamos, podemos seguir buscando y encontrando indicadores poco
favorables para los intereses medioambientales. Entonces, ¿qué hacemos?
Claramente no hay respuestas inmediatas o simples, ni soluciones
mágicas, lo que sí hay, es puntos de inicio, caminos a seguir, procesos
interesantes y por sobre todo, voluntades y compromisos que podemos
asumir para revertir una realidad que se presenta complicada.
Como
se puede apreciar, es un muy alto el costo que debe pagar el hombre por
su descuido e irresponsabilidad frente a lo que le compete como
administrador natural de su entorno y hábitat, sin embargo, es momento
de hacer algo y adivine por dónde podemos comenzar… así es, por la
educación y el trabajo colectivo y participativo con las comunidades
educativas.