Chile al basurero

Este
miércoles el presidente del Banco Central, Mario Marcel, concurrió a la
Cámara de Diputados para informar acerca de los eventuales efectos de
un cuarto retiro del 10%. Según Marcel, las consecuencias económicas de
la medida serían “extremadamente graves, no solo para el país, sino que
para las personas”. Esta declaración se enmarca en un escenario de
crisis económica y, lo que es peor, de elecciones. Es cierto que la
política fiscal siempre tiende a trastocarse en época eleccionaria. Sin
embargo, esta vez pareciera ser que algunos políticos de izquierda y
derecha están

dispuestos a todo con tal de conservar su puesto, privilegiando los
votos por sobre el bien común. Así las cosas, el panorama es desolador.

Hablemos
primero del cuarto retiro. Incluso quienes lo apoyan indican que es una
mala política pública. Y efectivamente lo es, por varias razones.
Primero, no es cierto que el cuarto retiro vaya en ayuda de quienes más
lo necesitan. De hecho, después del tercer retiro, 3,8 millones de
personas (de un universo de cerca de 11 millones) quedó sin fondos en
sus cuentas, según informó la SIP. Presumiblemente estas son personas de
bajos ingresos que no podrán acceder al retiro. Segundo, tampoco es
cierto que estos dineros sean usados mayoritariamente para necesidades
urgentes. Según datos del Banco Central, más de la mitad de los dos
primeros retiros fueron destinados a ahorro. Tercero, porque las
pensiones (una de las principales demandas ciudadanas) serán peores dada
la magnitud del dinero retirado. Para ponerlo en perspectiva, el monto
de los primeros tres retiros es superior al PIB anual de Bolivia y está
cerca del de Uruguay. Por lo mismo, es improbable que dicho dinero sea
reintegrado en el mediano plazo.

Otro
tanto puede decirse del IFE universal, beneficio que fue extendido
hasta noviembre (mes de las elecciones). Su universalidad se ha puesto
en cuestión, ya que estaría beneficiando a personas que no lo necesitan
(cesantes y quienes han visto afectado su ingreso). De acuerdo con lo
señalado en diversos medios por el ex Decano de la Facultad de Economía y
Negocios de la Universidad de Chile, Joseph Ramos, de los casi 7,5
millones beneficiarios de este ingreso, sólo 2 millones lo necesitarían.
En ese sentido, Ramos advierte que “se están dando miles de millones,
para que la gente tenga un ingreso significativamente superior a lo que
tenía antes de la pandemia”. En concreto, de acuerdo con los números de
Ramos, un mes de IFE equivaldría a 8 hospi
tales o 50 mil viviendas. Pero ¿qué importan las listas de espera o los sin techo cuando hay que ganar una elección?

Los
efectos de estas medidas ya se empiezan a sentir y perjudican sobre
todo a los más pobres. Quizás la inflación, que ha subido un 4,5% en 12
meses, es el más grave de ellos. Este fenómeno, que en términos
prácticos es un aumento en el costo de la vida (alza del precio de
alimentos, transporte, combustible, vivienda, obligaciones pactadas en
UF, etc.), significa una carga mayor sobre todo para familias de escasos
recursos, que pagan más por lo mismo sin que sus ingresos aumenten.
Vale decir, las medidas perjudican precisamente a las personas que
pretenden ayudar. Pero hay otros efectos relevantes. Según el Banco
Central, las tasas de los créditos hipotecarios han aumentado
notoriamente, lo mismo los créditos de consumo y comerciales. En suma,
la vida se seguirá encareciendo. Nada de esto era desconocido, pero las
medidas se tomaron igual.

Entonces ¿por qué seguimos haciendo todo tan mal? La respuesta, lamentablemente, es mezquindad política. Políticos de todos los sectores han
logrado convencer a la ciudadanía de que políticas tan malas como el
cuarto retiro del 10% ayudan realmente a la gente. Esto, que pudo ser
relativamente cierto para el primer retiro, es cada vez menos cierto
para los que le siguen. Hay que decirlo con claridad: algunos políticos
están dispuestos a usar a la ciudadanía como carne de cañón. El problema
es que la típica salida latinoamericana a los problemas económ
icos
es conocida. Medidas que empeoran la situación hasta que el país
revienta. La cuenta la terminan pagando los de siempre. Que nadie diga
después que no lo vio venir.

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