¿Será
para tanto? ¿Chile bipolar? ¿Qué es bipolar, qué es ser bipolar? ¿Qué
tal es la salud anímica de Chile? A veces, bien; a veces, mal; o más
bien que mal, o más mal que bien. Siempre así, entre dos polos o fases.
¿Chile
es bipolar? ¿Los chilenos somos bipolares? Los invito a revisar esta
condición, pero no desde un diagnóstico médico severo, en rigor.
Vuelvo
a preguntar, ¿somos bipolares los chilenos? Creo que sí, en buen
tiempo, o en buenos tiempos, también se observa esta conducta; ¡qué
decir!, en malos tiempos, como el presente, vamos del ánimo al desánimo,
de la depresión al optimismo, de la desconfianza a la confianza, de
intentar ser empáticos a ser enajenados, de frentón. ¡Qué zigzagueo, no!
¡Así, no! Así no se suma, así no es posible avanzar, así no es posible crecer.
¿Qué
jalonea este vaivén? ¿Por qué un día sí, otro día no? Porque, no lo
neguemos, somos campeones mundiales del “más o menos”. En ocasiones,
todo bien, todo va bien, y… basta que se cruce un gato negro y todo
cambia; ¿qué hace que zigzagueemos tanto o de manera tan recurrente o
veleidosa?
El
domingo, según ciertas tradiciones, primer día de la semana, todo bien,
todo alegría, relajo, sino fiesta, no obstante, no bien se acerca el
lunes, todo cambia, surge el mal ánimo, la mala onda, ceños adustos,
sino tensión, hasta “dolor de guata”.
Qué
decir de los seguidores o practicantes de ciertos deportes,
especialmente competitivos, como el fútbol, el básquetbol, en que
ciertos colores, banderas, transforman a algunos de personas más bien
apacibles, en energúmenos.
Del
orden al desorden. Otro entorno o ambiente que trastorna a algunos, de
los rígidamente compuestos, ordenados, hasta revelar cierta conducta
obsesiva a quienes son disueltos, desparramados, que aseguran tener todo
controlado, en su desorden. Y claro, a uno o a otro la práctica de
ambos los trastoca, los altera. ¿Qué hacer?
Gustos,
aficiones, hobbies. También todo un mundo, escenarios en que unos y
otros revelan sus personalidades, conductas, comportamientos,
caracteres, sino pasiones. ¡Qué manera de trastornarnos! Es que como
dice el refranero, “sobre gustos no hay nada escrito”, es decir, cada
uno es libre de desear o de opinar lo que quiera. Y ese es el comienzo de las diferencias entre unos y otros.
¿A
quién le gusta el cochayuyo?, pregunto a veces, en clases, para
distraer o motivar, para recuperar a los circunstanciales asistentes a
la sala de clases, y brotan rápidamente los pareceres, los gustos, que
sí, que no. Y, ¿por qué no? Y por toda respuesta, un encogerse de
hombros. Sigo, ¿les gustan los chupones? Y fruncen el ceño, se miran, se
interrogan con la mirada, y de pronto, alguien responde con entusiasmo,
que sí, que son de su total agrado. ¿Cómo es que le gustan? Obviamente,
proviene desde un entorno en que se recogen, se obtienen trabajosamente, y son de su total apetencia. Seguro que es de Lebu, me digo.
Para
dónde voy. Nuestra conducta, nuestro comportamiento, las más de las
veces, y significativamente, está pautado por factores culturales o por
nuestro ADN social, ese que se ha ido construyendo paso a paso, y nos
convierte en seres únicos e irrepetibles.
¿Bipolares? ¡Sí!, pero con causa, solo que no observable a simple vista.