El
18 de octubre de 2019 es un día que quedará marcado en la historia de
Chile. Desde el retorno a la democracia, nuestro país no había sido
testigo de una manifestación colectiva tan significativa y a ratos
violenta como la que hemos visto estos últimos días y que obligó al
gobierno del Presidente Sebastián Piñera a declarar estado de excepción constitucional, y a ordenar el despliegue de la policía uniformada y militares.
El
detonante de este malestar fue el alza de 30 pesos en el pasaje el
metro en Santiago, sin embargo, este hecho representa la punta de un
iceberg de injusticias y desigualdades que gestó su crecimiento con cada
gobierno que se sucedió desde el retorno a la democracia, hasta hoy.
Chile
despertó, reza uno de los hashtag más repetidos en las redes sociales
para requerir el legítimo respeto de los derechos de la gente.
Lamentablemente, junto a esto, también ha despertado de irracionalidad
personas que en algunos casos ha degenerado en estallidos de violencia y
vandalismo que son desde todo punto de vista inaceptables y
repudiables, situación que no solo han desviado el foco de atención de
las demandas legítimas e importantes que persiguen los ciudadanos, sino
que además ya ha cobrado casi veinte vidas humanas.
Teniendo
en cuenta esta situación, es necesario hacer un llamado a la calma,
asumiendo en todo momento que la clase política también es responsable
de lo que hemos vivido. Así, corresponde hacer un mea culpa y
preguntarnos en qué hemos fallado como para que la sociedad llegara a
este punto. Pues bien, creo que por largos años hemos vivido en ese
escepticismo político que permea a las democracias y dificulta su
desarrollo. Muchas veces nos hemos desconectado de la realidad y alejado
de las verdaderas necesidades de la gente por enfrascarnos en disputas
político partidistas que poco y nada contribuyen a la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos.
¡Pues
basta! La clase política también despertó. En esa línea corresponde
hacer un llamado a dejar de lado nuestras diferencias y a centrarnos en
lo que la gente necesita. Hago un llamado a la unidad, a crear un
proyecto país que permita un futuro esperable y augurioso, una sociedad
con posibilidades concretas de desarrollo que además sea capaz de
consolidar la propia democracia y crecer económicamente, considerando
siempre que el progreso social debe alcanzar a los diferentes grupos de
la población y no solo a unos pocos pues, no basta crecer
económicamente, integrar socialmente también es vital.
En
lo inmediato, no cabe esperar para hacer cambios medulares en reformas
tan importantes como las que atañen a las pensiones, a la salud y a la
educación, por nombrar algunas. Y somos nosotros, los legítimos
representantes de la ciudadanía, elegidos en las urnas, los encargados de dar cuerpo a la voluntad popular a este nivel.
Resulta imperativo que como clase política
articulemos respuestas concretas al descontento legítimo de la gente y
no obviar por un instante el hecho de que esta crisis puede
transformarse en una gran oportunidad para pavimentar el camino hacia el
Chile justo que todos soñamos.