En
el marco de su visita a Chile el líder de la oposición venezolana,
Leopoldo López, se refirió a la segunda vuelta presidencial del 19 de
diciembre, asegurando que Gabriel Boric es “cercano al proyecto político
de Nicolás Maduro”. A juicio de López el magallánico “tiene mucha
cercanía con lo que es el proyecto político continental que representa
Nicolás Maduro”. Y que duda cabe sobre esto cuando es imposible no
recordar el estrecho vínculo entre Maduro y Doris González, del partido
Comunes y exvocera de Ukamau, quien ha tomado un rol protagónico y de
alta influencia en la interna del comando del candidato presidencial de
izquierda. Por cierto: Doris González fue la misma que el año 2015
participó, invitada por Boric, en el foro “La vivienda, un derecho
social” organizado en Magallanes y que, en cosa de días, la tuvo
encabezando violentas protestas y manifestaciones en la capital regional
propiciando, inclusive, una toma de terrenos en la región. Lo curioso
es que mientras la comunidad internacional ve con expectación, y altos
grados de incerteza, el desenlace de lo que pueda suceder en Chile en el
balotaje presidencial pareciera ser que, al menos una parte de sus
habitantes, estuvieran adormecidos e indolentes ante el riesgo que
reviste la aspiración presidencial del que se ha terminado por convertir
en el “Caballo de Troya” de la izquierda local. Nadie cuestiona que
Boric pueda ser un buen muchacho, pero su devenir camaleónico, el afán
por cultivar un look similar al del expresidente Salvador Allende
(lentes, sin necesidad alguna, incluidos) sumado a su temor para
confrontar ideas en instancias de debates, lo hacen no sólo poco
confiable, sino que dejan en evidencia (además de su falta de
preparación y experiencia) una jugada magistral por parte de la
izquierda chilena y que nos recuerda a lo realizado por Hugo Chávez para
llegar al poder en Venezuela: un tono cercano, conciliador, que no
reveló nunca sus reales intenciones (y quienes venían con él) tras su
legítima aspiración de llegar al poder. Sepa usted que, mientras fue
candidato, Chávez fustigó y negó cualquier vínculo con el régimen cubano
de Fidel Castro. Pero una vez logrado el objetivo de llegar al poder no
sólo se abrieron las puertas de Venezuela, de par en par, al Castrismo,
sino que también su aparado público se vio permeado por operadores del
régimen cubano que instalaron, gradualmente, el sistema político que hoy
los tiene sumidos en la pobreza y donde, los únicos que se enriquecen a
manos llenas, son quienes avalan y resguarda el régimen ahora gobernado
por Nicolás Maduro. En eso la izquierda tiene una habilidad que debemos
reconocer. ¿Se ha dado cuenta como han desaparecido, de la agenda
informativa, las protestas en Plaza Baquedano (Santiago), la violencia
en la Araucanía y en otras zonas del país? Si la izquierda tiene que
mitigar su violencia, con el objetivo de ganar una elección de tamaña
relevancia, no dudarán en hacerlo. Y esa disciplina, esa vocación de
poder, es una característica que, sumada a la falta de educación cívica
por parte del votante promedio, esa supina ignorancia, pueden poner en
riesgo la estabilidad de cualquier nación. Es cosa tan sólo de ver, de
observar, lo que ocurre en la Convención Constituyente para entender lo
que sería un eventual gobierno de Boric. Es cosa de ver como se están
administrando y manejando los municipios a nivel nacional, gobernados
por la izquierda, para entender el desorden al cual quieren llevarnos. Y
aún así, por cuestiones que ni este país logra entender, Boric sigue
siendo un candidato competitivo. Las advertencias de la comunidad
internacional están más que disponibles (y gratis) tanto en internet
como en la conversación con migrantes que han tenido que escapar
(forzosamente) de las garras del comunismo y el socialismo. Es sólo
cuestión de leer, informarse, conversar, contrastar opiniones, hechos,
cifras y datos para dimensionar la relevancia que tiene la elección
presidencial de segunda vuelta en Chile y el por qué concita tanta
atención a nivel mundial. Una elección que, por lo demás, representa
mucho más que optar ya sea por Boric o por Kast: es el destino de Chile
el que está en juego, es el presente y futuro de las personas el que
está en tensión. Es elegir y decidir, tanto libre como voluntariamente,
si queremos que nuestra nación transite por la senda del comunismo o el
camino de la libertad.