Septiembre
de 2021 y la tensión en España, puntualmente en Madrid, estaba latente.
En eso, irrumpe una de las nuevas figuras de la política europea con
una arenga que conminó a los madrileños a optar por “socialismo o
libertad”.
Isabel
Díaz Ayuso logró movilizar a los habitantes de la capital española ante
una fuerte arremetida del Partido Socialista Obrero Español (Psoe) que
pudo poner en jaque la estabilidad de la comunidad madrileña y, en la
pasada, tensionar la situación política en España.
Lo
que Díaz Ayuso no sospechaba es que su “socialismo o libertad” sería la
épica de muchas naciones que se ven enfrentadas a estas vías, a
liderazgos populistas que, mediante el asistencialismo, y un Estado de
gran envergadura, prometen una serie de beneficios y utopías que
(quizás) podrán tener satisfacción en el corto plazo, pero ninguna
posibilidad de latencia en el mediano – largo plazo. ¿La razón? Para
financiar y costear el asistencialismo se requieren cuantiosos y
onerosos fondos, recursos, capitales. Cosa de ver lo que ocurre
actualmente en Argentina donde, mediante el mandato del caballo de Troya
del Kirchnerismo (Alberto Fernández), la nación vive una fuerte crisis
institucional.
Así
también, en materia de gestión, la izquierda en Latinoamérica exhibe
otros desastrosos y evidentes ejemplos como son la histórica Cuba y
algunos más recientes como Venezuela, Ecuador, Bolivia y Perú. Todas
estas naciones, que en algún momento tomaron el sentido del socialismo y
el comunismo, terminan por intentar retornar (quienes lo logren) al
camino de la moderación, el progreso, la paz social y la libertad. Por
lo general siempre que gobierna uno de los extremos lo que surge es un
antagonista en la vereda opuesta que pareciera emerger desde una suerte
de laguna mesiánica con un discurso (también populista, obvio) que tiene
como énfasis endulzar los oídos de quienes tienen predisposición a ser
encantados por retóricas simples y propias de “salvadores”.
El
problema aquí es que las naciones no necesitan ni populistas ni
salvadores: lo que necesitan son gobernantes, Jefes de Estado. Personas
que no le teman al ejercicio de administrar poder, de liderar, que sean
justos, ecuánimes, que garanticen la gobernabilidad, la estabilidad, el
crecimiento, el empleo, el acceso a salud, educación y paz social.
Liderazgos que entiendan que esto no se trata de izquierda o derecha,
sino que el país se construye entre todas y todos, donde las ideas
(vengan de donde vengan) en la medida que favorezcan a Chile y sus
habitantes tendrán cabida para seguir avanzando.
Hoy
(en Chile) disfrutamos de una libertad y unos derechos que no se tienen
en otros países del continente. Esta forma de vivir que tenemos en
Chile es única. Estamos a sólo semanas de vivir un momento de despegue e
ilusión. Que sea la voluntad de las chilenas y chilenos, en las urnas,
la que guíe nuestro destino. Asumamos lo que está por venir, lo que nos
estamos jugando, y seamos conscientes que seremos nosotros, cada uno de
nosotros a través de nuestro voto, quienes tendremos que decidir entre
el comunismo o la libertad para Chile.
En las manos, en las conciencias y en los corazones de cada uno de nosotros está el presente y futuro de la nación.