Chile es uno

“Que no ha sido por rey jamás regida, ni a extranjero dominio sometida” (Alonso de Ercilla y Zúñiga).
La definición que hace el poeta en temprana edad de nuestro país,
define el carácter del mismo, y su apego a un concepto de libertad
unido a identidad. Visionario de lo que vendría en los siglos
siguientes.

El
reto a que nos enfrentamos hoy a través de este plebiscito
constitucional “de salida”, en realidad más se refiere a “la entrada” de
elementos de la disolución de nuestra patria. De partida, cuando hay
quienes hacen de dicho proyecto el instrumento de lucha y destrucción
del patriarcado “opresor”. Y ¿qué es ese patriarcado en esencia? Simple,
la patria misma. No es ni ha sido una lucha contra “el machismo” sino
contra la idea misma de P
atria,
y ese ha sido y es el punto más débil de lo que no es sino parte de un
plan maestro para la disolución de países del tercer mundo comenzando
por la disolución de sus naciones.

El
mito y la mentira de los “pueblos originarios” que no son tales, es el
talón de Aquiles de un proyecto dogmático, que termina con el principio
universal de igualdad ante la ley y ausencia de privilegios. Más allá de
concepciones político administrativas, de aberraciones como el aborto
concebido como derecho humano, y de la contradicción lógica de pretender
un “país solidario” sobre la base de muchos derechos y escasos deberes,
ha sido el motivo básico del manifiesto repudio y reprobación
transversal al proyecto, de un país que entiende que para seguir
discutiendo recetas y conciliábulos políticos la cancha básica no puede
desaparecer, además del evidente peligro para la seguridad y existencia
misma del país y el territorio seccionado en autonomías con elementos de
Estados.

Sin
embargo, el daño que se ha causado a la nación es enorme,
inconmensurable. De partida, una división propia de lo que los
“cerebros” de este proyecto concibieron para aprobarlo y pasar a “tabla
rasa” a cualesquiera otras concepciones distintas.

Pero, además, deberá tenerse muy presente que Chile ha sufrido y sufre un ataque del globalismo que
trata de imponerse en el mundo. Este proyecto responde claramente a los
conceptos globalistas onunistas de constituciones vasallas del Nuevo
orden Mundial, de países sin soberanía real. La mejor prueba de ello es
el convenio -absolutamente ilegal- entre la convención constituyente y
la propia ONU, habiendo

estado los organismos internacionales con apoyo descarado a este
proyecto, claro, porque tienen interés directo en el mismo. Somos un
conejillo de indias para demostrar con un país institucionalista por
tradición, como si puede transformarse un país en otro, “refundarlo”
como se ha dicho explícitamente.

Y ha dejado una sociedad fragmentada, dividida, muy dañada. Y
los elementos humanos y culturales que causaron este daño están
adentro, entronizados y poderosos. Consiguieron meter a millones en la
cabeza que la historia y la naturaleza se cambian por simple decreto, y
que basta una nueva constitución para que todo sea perfecto, un país
justo, solidario, rico y desarrollado. Así se engañó, hasta que la
fuerza de los hechos comenzó a prevalecer sobre ideologías que diseminan
una enfermedad mental colectiva. Chile siempre ha sido uno, con todos
sus defectos e injusticias, una nación, un pueblo, un país, un Estado.
No existe un país perfecto en ningún tiempo o lugar. Eso nunca se podrá
cambiar, porque aunque se impusiera la constitución segregacionista y
divisionista, aunque demore generaciones, la fuerza de los hechos se
levantara entre las ruinas, la Historia es más fuerte que las
ideologías, los promotores de esta locura colectiva lo saben, en ninguna
parte del mundo han podido establecer su sistema. Ahora quieren
establecerlo en todo el mundo, y más temprano que tarde fracasaran. El
ser humano tiende a la libertad, la pueden aplastar, pueden engañar,
pero no pueden aplastarla eternamente ni pueden engañar a todos todo el
tiempo, porque así como los individuos tenemos derecho a existir y
pensar distinto, las naciones somos realidades históricas concretas y
tenemos los mismos derechos en lo universal. Chile tiene hoy una
elección: “ser o no ser”.

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