“Y tu campo de flores bordado es la copia feliz del Edén…”
dice parte de nuestro Himno Nacional. Una metáfora o un ideal que como
todo ideal nos encanta y emociona, pero no por eso se vuelve cierto.
Curiosamente al empezar sus funciones la Convención Constitucional
impidió que se interpretara el himno, pues en su imaginario no era ni es
una representación de la unidad nacional; mas sin embargo la Convención
terminó por entregar un texto donde el Edén o el Paraíso tiene la más
seria intención de abrir una sucursal en Latinoamérica. Al compás del
texto propuesto en Chile debiera abrirse una sucursal del paraíso, del
tipo premium, platino o algo semejante. En todo caso ya sabíamos a qué
nos enfrentaríamos cuando escuchábamos los martillazos y observábamos la
construcción del texto en los meses previos a la entrega del proyecto:
El Edén en construcción a imagen y semejanza de Dios Padre, pero en
Chile, a la chilena, a la virulí. Con un buen cartel, porque debe atraer
a turistas a quienes siempre se les mostrará el pasto verde, la playa
limpia, el camino llano. Y en este cartel de neón la palabra “social”
que como la vainilla aromatiza, no falta, porque el Paraíso es social,
digno, gratuito y de calidad. Como social es la justicia en la sucursal
chilensis del Paraíso, entonces es justa: una verdadera tautología, pero
qué importa saber qué es una tautología si en la Tierra Prometida al
“pueblo ya redimido” no interesará saber su significado. Cambie sólo por
ejercicio mental la palabra “social” por “revolucionaria” y verá que
provoca el mismo efecto narcotizante: de la justicia social a la
justicia revolucionaria; de la revuelta social a la revuelta
revolucionaria. En la sucursal criolla del Paraíso todo será bello
porque es social.
Los
animales seres sintientes; el derecho al ocio; la naturaleza como
sujeto de derecho; la vivienda social construida en el lugar preciso y
pertinente que cada persona requiera; el derecho al aborto bajo
cualquier circunstancia; el derecho al goce de la sexualidad. Todos
estos ejemplos son los fuegos de artificio que tiran cuando llega el
turista a la sucursal chilena. ¿Quién será el Tattoo que gritará “el
avión, el avión…!” cuando lleguen los visitantes a nuestra sucursal?
Estamos
a escasas 48 horas para continuar nuestra historia o para borrar el
Chile amado donde están los restos de quienes nos precedieron. Seremos
los Ulises y venceremos los cantos de sirenas o seremos los ratones que
seguirán al Flautista de Hamelin. Seremos un sueño imposible o una
realidad posible. Seremos la mejor versión de nosotros mismos o sólo un
reflejo de lo que pudo ser. A esta hora es difícil saberlo. Lo que sí
sabemos es que el texto del proyecto está escrito desde el odio, la
revancha, la ideología, la revolución, el engaño y que por sus obras los
conoceréis, pero parece ya nada importar porque seremos ahora sí que
sí, la copia feliz del Edén. La promesa de la tierra prometida está
escrita en el proyecto constitucional. Es la revolución institucional
con empanada y vino tinto que quedó pendiente. Es el sueño de la
justicia social revolucionaria que dejará a tantos en manos del Estado
Plurinacional y a unos pocos como una especie de madame de la sucursal.
Es
de verdadera justicia agradecer el esfuerzo, la valentía, el amor, el
coraje, el entusiasmo de tantos que sólo por adoración a su tierra
salieron a las calles para oponerse a la construcción de un estado
socialista y controlador contenido en el proyecto de Constitución. Un
abrazo a todos desde esta modesta columna de opinión. Viva Chile!