El
medio de comunicación australiano, Honi Soit, dedicó una nota para los
representantes del Team Chile que, nuevamente, no lograron traer preseas
de unas Olimpiadas.
“Chile
extiende su récord olímpico de más Juegos Olímpicos sin premios
olímpicos” es el titular irónico de este medio que analizó la situación
nacional deportiva desde una mirada crítica y humorística.
Dentro
del cuerpo de la nota, el periodista Samuel Garrett comparó el periplo
de Chile en los distintas ediciones de los JJ.OO. con otros países sin
historial ganador en el deporte como Myanmar y Mónaco. Además, fueron
enfáticos en señalar que “hay 19 naciones con más apariciones en los
Juegos, pero cada una ha tenido medallas en al menos un evento, dejando a
Chile en la cima de un podio de desgracias perennes”.
No
podemos atribuir los malos resultados a la pandemia, dado que todos
estuvieron en igualdad de condiciones, tampoco cabe justificarlo a
nuestra escasa población o a la falta de recursos en un país
sudamericano, pues Perú, Ecuador, Cuba, Argentina y la empobrecida
Venezuela, estuvieron mejor.
El deporte no es un solo un gran escaparate publicitario que genera
elevados beneficios económicos a los triunfadores y que, a su vez,
legitima gobiernos que aprovechan la oportunidad de las grandes
competiciones deportivas para promover el turismo y justificar el éxito
de sus políticas sociales. La actividad deportiva, de alguna forma
representa un cierto umbral de desarrollo, es expresión de hábitos
personales y de disciplina organizacional, quizá este sea nuestro mayor
fracaso, aquel que de modo indirecto se representa en el medallero
olímpico. En este aspecto, la ironía que presenta a un Chile sin
medallas, encubre una dura crítica no a la delegación y sus atletas, que
no cabe duda desplegaron sus mayores esfuerzos, sino que a un país que
no tiene logros deportivos porque no es capaz de generar las instancias,
la organización y las instituciones que generen logros deportivos de
jerarquía, para obtener resultados olímpicos.
Una
vez superada la visión romántica en que en el deporte olímpico lo
importante es competir, lo cierto es que en un modelo económico y social
que se interesa por los vencedores, que privilegia los resultados, en
que la victoria guía todos los objetivos, participar ha pasado a mejor
vida. Luego, si lo importante en nuestra sociedad es ganar, no cabe
sino evaluar nuestras políticas públicas vinculadas al deporte como un
estrepitoso fracaso, que se expresan como un gran bochorno internacional
en estos juegos olímpicos que afortunadamente han concluido.
O
sea, Chile sin medallas, sigue siendo un país que presenta logros
económicos y hasta hace poco estabilidad financiera y una inflación bajo
control, pero esos logros no se expresan
en resultados deportivos culturales y en educación, es de esperar que
en todos los demás indicadores de los cuales hemos hecho gala no se nos
venga el medallero encima.