Se
dice que de las experiencias uno va aprendiendo, y claro está, la idea
es que se asimile o retenga lo positivo que cada episodio transcurrido
en nuestras vidas pueda generar algo más. A la luz de los últimos
acontecimientos vividos como Nación y en el contexto de convulsiones
sociales, políticas, sanitarias y económicas, por mencionar las más
gravitantes en el ámbito país, nos ha tocado poner a prueba el temple y
la capacidad que sus hombres y mujeres poseen en el extremo mismo de la
vivencia.
Podríamos
señalar que esto, tiene directa relación con lo que los expertos
denominan resiliencia, esa capacidad de poder adaptarse a situaciones
complejas y hacer frente a las diversas dificultades.
Evidentemente,
no se trata de una situación accesoria o menor, cuando de la noche a la
mañana turbas asolan un país, agreden e invaden pequeños y grandes
comercios por igual, destruyen instalaciones destinadas al transporte
público, incendian micros y propiedades sin distinción bajo una consigna
de “restablecer la justicia social”, desatando de Norte a Sur, de mar a
cordillera el caos e incertidumbre a todo un pueblo, que lo único que
anheló en todo momento fue, la restauración del estado de derecho y la
paz social.
A
partir de esa traumática experiencia, cuyos vestigios siguen ahí
presentes, creo que cada chileno o chilena, no ha dejado de pensar y
analizar internamente, qué nos deparará el futuro inmediato como país.
Indudablemente
que todos los habitantes de este territorio, de alguna u otra forma
anhelamos lo mejor y sin ambigüedades, cuidando y valorando lo que Dios
nos ha legado como Patria.
Esto
cobra mayor importancia y sentido hoy, especialmente si fijamos por un
instante nuestra mirada hacia un pasado histórico, desde donde es
posible extraer variados ejemplos que bien pueden ser de ayuda para
comprender, interpretar y probablemente asimilar lo que el presente nos
invita a vivenciar.
La
historia, escrita, cultivada y puesta en escena desde los albores de
una tímida e incipiente independencia en donde sus principales gestores
no escatimaron esfuerzo o trabajo con tal de ofrecernos la Patria libre y
soberana de la que aun hacemos gala y de la que nos podemos sentir
felices y orgullosos de pertenecer.
Pocas
naciones pueden abrigar tan preciada existencia. Es por ello, que este
nuevo aniversario de la independencia nacional, nos llama a reflexionar y
a poner en valor lo que significó el legado de un O’Higgins, Carrera,
Rodríguez, Mateo Toro, Fray Camilo Henríquez, Paula Jaraquemada,
Caupolicán, Galvarino o Lautaro y un extenso listado de hombres y
mujeres, todos ellos, que en su momento se constituyeron en dignos
gestores de una Nación.
Seguramente
nada fue fácil entonces, donde la labor comprendía constituir todo
desde los cimientos, buscando la manera de dar forma y sentido a lo más
tarde se conocería como República de Chile.
A
la luz de esos y más acontecimientos, no creen estimadas y estimados
lectores que, bien vale la pena reflexionar y tomar en cuenta lo que
significa planear o elaborar una Carta Magna o Constitución Política.
¿será posible percibir lo trascendental que resulta ser esa
construcción, sus alcances y puesta en marcha?
Es
tiempo oportuno de celebrar a Chile y ese recorrido histórico que nos
antecede y de pensar seriamente en el presente y más aún en el futuro.