No
cabe duda que Chile ya no es lo que era. En torno de una hoguera, seres
inmaculados y drogados por el odio cantaron y danzaron la destrucción
de miles de pymes y millones de sueños. Con el grito de dignidad han
vapuleado nuestros símbolos patrios. Nos hemos convertido en un país con
un futuro incierto y poco auspicioso, donde el maltrato animal se
condena, pero contradictoriamente muchos creen que matar un bebé es un
derecho. Es un país con Convención Constituyente que aboga por la
“libertad para los presos de la revuelta”, ángeles de notable prontuario
criminal, pero “víctimas” de la represión de Carabineros; la misma
Convención niega un minuto de silencio por inocentes asesinados en manos
del terrorismo, como Hernán Allende Ponce, recientemente quemado vivo
en La Araucanía. Chile, país donde la gente de trabajo y honesta está
cada vez más arrinconada, tal como en Argentina o en Venezuela, donde la
limosna estatal y la pobreza se hicieron costumbre.
En
el Congreso se juegan cosas importantes. Digo se juega, porque no pocos
diputados y senadores han decidido jugar a las cartas con el país. Lo
importante es lograr la mano ganadora para las elecciones, aunque la
casa quiebre. Discuten un cuarto retiro de los fondos administrados por
las AFP. El objetivo no es ayudar a la gente en un país que se recupera
de la amarga pandemia. Ya no se trata de llegar con ayuda, solo se trata
de golpear el sistema financiero generando un espejismo de riqueza a
los incautos que consumirán sus propios ahorros, sin sospechar o
importar lo que se vendrá más adelante. Total, estos parlamentarios de
poca monta con cara de póker apuestan a ser elegidos en noviembre, ya
que saben que las consecuencias de sus actos las pagará el famoso y anónimo señor Moya.
La
aprobación del cuarto retiro de las AFP busca incluir las rentas
vitalicias. Así, las aseguradoras serían obligadas a realizar un
anticipo o préstamo a sus 700 mil clientes por el monto de 150 UF, lo
que sumaría unos 3.500 millones de dólares, lo que afectaría seriamente
el patrimonio de las aseguradoras, las cuales no cumplirían con los
indicadores de solvencia exigidos por el regulador. Estas empresas, que
tienen los recursos invertidos en papeles de largo plazo, difícilmente
tienen la liquidez para afrontar el nuevo anticipo, planteado como
préstamo y que los clientes tendrían que pagarlo sin interés (descuento)
de 5% anual sobre su renta vitalicia. Es decir, la deuda se cancelaría
en al menos 25 años. Sabiendo que la edad promedio de los clientes es de
76 años, ¿en qué país serio del mundo se les otorgaría un crédito a 25 o
30 años plazo a cero por ciento de interés? Aquí hablamos de un crédito
incobrable para las aseguradoras. Con tal deterioro financiero de las
empresas de rentas vitalicias, el riesgo de insolvencia es real y sus
clientes, a quienes
estos políticos dicen beneficiar, perderían sus jubilaciones. Este
negativo efecto no es exclusivo sobre los clientes de rentas vitalicias,
sino que afectaría a toda la industria de seguros, abarcando a 9
millones de clientes… seguramente usted mismo. Esta situación afectará
el costo de múltiples productos financieros, cobertura y costos de
seguros de
salud, desgravamen, oncológicos, hipotecarios y un largo etc. Y si la
tasa de interés de créditos hipotecarios ya ha aumentado un 100% en los
últimos dos años, este golpe a las aseguradoras las disparará aun más,
haciendo imposible a la clase media la compra de una vivienda. El
desastre no termina ahí, ya que derrumbando el sistema de AFP (objetivo
de la izquierda populista y radical… y un par de acéfalos de derecha)
guillotinarán a las empresas de rentas vitalicias, las cuales se nutren
de los afiliados AFP que optan por una renta vitalicia.
Chile
no tiene parangón. El que se esfuerza, estudia y razona, es un paria.
El que no tiene experiencia, no aprueba estudios y se sube a un árbol
puede terminar coronado de rey.