Una de las consecuencias directas de la crisis que vivimos desde el 18 de octubre es la pérdida de puestos de trabajo. Como muestra, podemos mencionar la caída del Indicador Mensual de Actividad Económica (Imacec) de octubre, del 3,4% en comparación con igual mes del año anterior, constatar que la Bolsa de Valores de Santiago tuvo el peor desempeño a nivel mundial con una pérdida en capitalización bursátil de casi 40 mil millones de dólares, y sumar un largo etcétera. Obviamente, los violentistas de izquierda dicen que esto no importa convencidos que “la historia es nuestra y la hacen los pueblos”, porque son las grandes empresas y los ricos los que pierden, y lamentablemente no faltan los incautos que los siguen. Pero, ¿quiénes son los verdaderos derrotados al final del día? La respuesta es clara y concisa, la gente honesta y trabajadora de Chile. La caída de la actividad y valor de las empresas no es gratuita. Por un lado, impacta el patrimonio de los ahorrantes e inversionistas en el caso de la caída del precio de las acciones en la Bolsa, pero también vemos sus efectos en el mercado laboral con el despido por necesidad de la empresa de más de 100.626 personas desde el inicio de la crisis. De hecho, en los primeros seis días de diciembre hubo en el país 25.832 desvinculaciones por necesidad de la empresa (más del doble si lo comparamos con diciembre 2018) observadas por la Dirección del Trabajo. Además, noviembre registró una caída de 19,6% de ofertas laborales por internet. En palabras sencillas, si antes de la crisis los despidos diarios por necesidad de la empresa promediaban los 1300 trabajadores, en noviembre aumentaron a 2068 por día y en diciembre se elevan a 4305 personas diarias que pierden su empleo por esta razón. Como dato, los despidos por el artículo 161, inciso N°1 del Código del Trabajo, correspondientes a “Necesidades de la empresa” en diciembre equivale al 26,7% del total de los términos de contratos. Por tanto, no es irrisorio proyectar que en diciembre se podrían llegar a perder más de 500 mil puestos de trabajo por distintas razones, incluido el efecto de la crisis. Por ello, un desempleo mayor al 10% está a la vuelta de la esquina y Magallanes no estará ajeno a aquella realidad. El Gobierno, con todas las dudas y errores que pudo haber cometido inicialmente, ya da muestras concretas de haber escuchado las legítimas y razonables demandas sociales de las que se está haciendo cargo con urgencia; sin embargo, un grupo de parlamentarios y secuaces bloquean la tarea legislativa que busca resolver las necesidades de las personas al desviar los esfuerzos en acusaciones constitucionales, sin otro fin que atender sus propias ansias de poder. La misma izquierda de ayer, no democrática y revolucionaria, hoy está presente con su odio vapuleando a un Presidente legítimamente elegido en democracia. En el intertanto, los heridos se multiplican. Es la gente de esfuerzo y trabajadora, emprendedores y sus trabajadores que se quedan sin fuentes de ingresos, condenados a perder lo que tanto les costó lograr, son ellos los que pasarán una triste Navidad y no próspero Año Nuevo. No lo olvidemos a la hora de votar.