¿Colaboramos?

Llegó
un email sobre un congreso de ciencias del mar y una invitación. Aunque
no tenía nada para enviar, me pareció bien ofrecer mis habilidades por
email para colaborar con los colegas de otras áreas. Ingenuamente,
-después me di cuenta- usé la estrategia del vendedor puerta a puerta, y
por supuesto fracasé con todo éxito. El vendedor puerta a puerta ofrece
un producto que, en general, suple una necesidad que usted no tiene (o
no sabe que tiene, ja!). Esta situación y la risa que me sacó me
hicieron pensar en ¿qué se necesita para que la colaboración ocurra?

Un
estudio español sobre colaboración científica señala varias cosas
importantes que nos pueden parecer obvias sobre las condiciones que
buscamos para colaborar. Específicamente, buscamos puntos, temas y
lugares en común; también que quienes colaboran deben querer colaborar,
es decir, que sean accesibles y tengan disposición y tiempo; que la
colaboradora o colaborador conozca métodos o tenga destrezas
complementarias, y que los estilos de trabajo, interes
es
y prioridades sean compatibles. Las colaboraciones pueden ser
puntuales, estar basadas en proyectos, o temas e intereses. Sin embargo,
también responden a las expectativas y al financiamiento. Si se termina
el proyecto, las expectativas no se cumplen o no hay financiamiento, lo
usual es que la colaboración termine.

Sin
embargo, lo más valorado para colaborar suele ser la generación de un
clima de confianza, conocimiento y respeto mutuo, así como la capacidad
para cumplir los compromisos asumidos y compartir los mismos objetivos e
intereses. También valorados son la organización y distribución del
trabajo, fijar objetivos claros y alcanzables, y sentirse igual de
partícipes tanto del trabajo y responsabilidades como de los resultados
obtenidos. Además es importante la flexibilidad para adaptarse a los
cambios y la capacidad para solucionar los problemas que surjan en el
desarrollo del trabajo, así como el conocimiento del rol,
responsabilidades y tareas que cada miembro “del equipo” debe
desarrollar.

En
la práctica, todavía recuerdo la oportunidad en que a mi colega (y
ahora amiga) Solange Vargas la sacaron de lugar las preguntas en un
congreso de Soset Y es que las preguntas al final
de
la charla se enfocaron en cómo logramos la colaboración estando ella en
La Serena y yo en Punta Arenas, ambos trabajando en temas similares
sobre guanacos y percepciones de la gente local. De mi parte, mirando en
retrospectiva y aplicando el estudio español, lo primero fue confiar y
compartir conocimientos, buscar puntos en común, y usar eso para algo
mutuo (el trabajo del congreso).

Las
expectativas se cumplieron, la claridad de objetivos, el respeto y la
confianza. Quizás, la próxima vez que quiera ofrecer colaboración a las y
los colegas sea mejor empezar por invitarles un café (Covid-mediante).

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