Colo Colo y política

La
angustiosa posición en la tabla de Colo Colo y la posibilidad de perder
la categoría llevó a una serie de análisis, pasiones y burlas, y como
siempre a las eternas acusaciones sobre la relación entre la dictadura
militar y el cuadro popular. La historia nos dice que el deporte y la
política han estado desde siempre eternamente entrelazados, y con mayor
énfasis el futbol, especialmente en Latinoamérica. De estar forma
dictadores y mandatarios han usado el futbol y sus instituciones como
una herramienta política, como una forma de buscar adhesión, como
manipulación o como usufructo del éxito deportivo, y así obtener el
control y manipulación de la ciudadanía o popularidad y vitrina.

Colo
Colo por ser el cuadro más popular de Chile ha sido objeto de estos
aprovechamientos políticos. El dictador Pinochet, reconocido wanderino,
usó el fútbol como elemento distractor (se programaban partidos de Colo
Colo en horarios de protesta) y para implementar su geopolítica (se
crearon clubes nuevos para instalar la idea de regionalización y se
financió su éxito: Cobreloa un ejemplo). De esta forma intervino la
Asociación Central de Fútbol y acto seguido al equipo más popular de
Chile, Colo Colo, y el ingreso de un modelo económico empresarial y
capitalista a las administraciones deportivas, y, detrás de ello, a los
magnates y especuladores, que se instalaron en gran parte de las
dirigencias de los clubes. Sobre qué ganó Colo Colo, absolutamente nada,
ya que, de los 300 millones de pesos para el Estadio, ofrecidos en
campaña cuatro días antes del plebiscito de 1988, nunca se supo y se
esfumaron con su derrota en las urnas.

Un
día cualquiera el Negro Piñera le dijo a su hermano Sebastián: “Si
querís ser Presidente, tenís que ser colocolino” (sic). En 2006, Piñera
se convirtió en el mayor accionista de Blanco y Negro, empresa
administradora de Colo Colo. De esta forma Sebastián Piñera, reconocido
seguidor de la Universidad Católica, llega a Colo-Colo pretendiendo que
el éxito deportivo le diera popularidad, reconocimiento y aceptación.
Lamentablemente el 2010 logra ser el Presidente de Chile.

El
fútbol chileno debe avanzar en forma decidida hacia su esencia y
vocación eliminando de su orgánica y funcionamiento las huellas de la
dictadura, haciendo justicia y marginando
a
los especulares. No basta el memorial en el Estadio Nacional, sino se
recuerda a Hernán Lepe, ex seleccionado, detenido y torturado por la
dictadura. No basta con regulaciones sino se recuperan los clubes
sociales, para la formación de jóvenes y libres de empresarios.
Finalmente, el futbol es un espejo de la sociedad, y en un año que
buscamos un nuevo Chile, también deberían aspirar a un nuevo futbol. Un
futbol democrático, libre de misoginia, sin discriminaciones, sin
políticas y modelos neoliberales. Que vuelva a ser ese espacio de
alegría, identidad e integración.

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