Cómo afrontar conflictos

Todo
lo que se pueda decir sobre el manejo de los conflictos es
insuficiente, porque estos son habituales y nunca se han podido
erradicar de la especie humana. Si esto no se gestiona bien puede
conllevar consecuencias muy negativas como: destrucción definitiva de
relaciones familiares e incluso pueden dar origen a guerras. Por otra
parte, si se tratan de forma adecuada, facilitan el desarrollo y el
cambio e incluso pueden mejorar las relaciones humanas.

El
conflicto es la pugna entre dos o más partes que perciben desacuerdos
de intereses. Los conflictos surgen cuando se considera que la acción
de una parte interfiere o perjudica los objetivos, las necesidades o las
acciones de la otra parte.

Los conflictos pueden ser clasificados de la siguiente forma:

-Reales: aquí los implicados presentan diferencias de algún tipo, que han abordado pero que no han podido solucionar.

-Irreales:
el conflicto es fruto de un malentendido o una mala interpretación que
puede aclararse y de este modo se resuelve el problema.

Algunos pasos para abordar los conflictos de manera efectiva son los siguientes:

-Prepararse
para el encuentro. Lo primero que hay que tener presente es el motivo
del encuentro con el otro, porque lo que se busca es obtener un
resultado concreto. Hay que ser específico, hablar en términos generales
no es eficaz. Por ejemplo: si lo que está generando el conflicto entre
una madre y un hijo es la hora de llegada del adolescente. Hay que tener
claro que lo que se busca es que el joven cuando salga llegue a las 10
de la noche. Hora que se había acordado con los padres.


Reconocer el problema. Hay que especificar cómo la dificultad le está
afectado a usted (nunca hay que focalizase en el otro). Siguiendo con el
ejemplo anterior, lo que la madre debería decir es: “Me siento muy
angustiada cuando te atrasas en la hora de llegada¨. Juzgar o culpar al
otro hará que se defienda o se moleste y no colabore en la solución del
conflicto.


Decir las palabras adecuadas evitando agredir u ofender al otro. Obviar
afirmaciones como la siguiente: “Eres un irresponsable, no te interesa
tu madre, por eso siempre te atrasas. Del mismo modo, hay que escuchar
al otro y ponerse en su lugar. Para ello hay que darle espacios para que
se exprese. El adolescente del ejemplo podría señalar: “Lo que ocurre
es que a veces el dinero no me alcanza para tomar el colectivo, por eso
debo esperar que pase la micro”.


Negociar el comportamiento futuro. Hay que tener presente que el
objetivo es resolver y cerrar el problema. Por ello hay que llegar a un
acuerdo respecto a lo que se hará en el futuro frente a situaciones
similares. Continuando con el ejemplo, un acuerdo podría ser: “Cuando
veas que te vas a atrasar en la hora de llegada, avísame para no
angustiarme”.

Por
último, si no se puede llegar a un acuerdo, hay que buscar ayuda
externa. Recurriendo a una persona que sea neutral e imparcial y sea
capaz de ayudar a las personas inmersas en el conflicto a encontrar
soluciones.

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