Ha
pasado raudo el tiempo y aún persisten en la retina, los efectos de uno
de los fenómenos más relevantes que como humanidad, y chilenos, hemos
vivido en el último tiempo. Una pandemia universal que atentó, no solo
con la salud y tranquilidad de los chilenos sino que además, ocasionó
quiebres y dramas que todavía sus consecuencias persisten y rondan en
numerosas familias. Según hemos observado, se trata de un episodio del
que, costará bastante superar o al menos, retornar a un estado anterior
de estabilidad en su totalidad.
Días
y meses que afectaron si duda de manera transversal y en lo más
profundo de las personas. Hablamos desde los aspectos económicos y
laborales, hasta los propios de la salud y muy especialmente, de la
salud mental.
Numeroso estudios han documentado los efectos negativos de la crisis sanitaria en el bienestar psicológico de la población.
El
temor a los contagios, las vidas perdidas, el aislamiento social,
fueron aspectos que se hicieron notar prontamente, como el aumento de la
ansiedad, la depresión y la conducta de personas de todas las edades,
formaron un conjunto que deterioraron la salud mental.
Lecciones
aprendidas, esa fue una de las frases mencionadas a partir de la crisis
vivida y que bien puede aplicar a otros contextos de emergencia, por
qué no, a la actual situación que hemos estado enfrentando como efecto
de las bajísimas temperaturas registradas durante las últimas semanas.
Antes
de realizar cualquier otro comentario, no podemos dejar de reconocer el
trabajo realizado por los equipos municipales y trabajadores de
diferentes servicios e instituciones que han redoblado esfuerzos por
superar los obstáculos y atender cada requerimiento sin importar el día o
la hora.
Lo
anterior nos lleva a destacar la importancia de la gestión local en la
prevención y abordaje de las situaciones de emergencia, donde se
conjugan factores tan indispensables como la preparación, la educación y
la formación, todos tan necesarios tanto para estar preparados como
para enfrentar situaciones como las experimentas recientemente.
Regiones
y localidades aisladas o extremas, resultan vulnerables frente a
acontecimientos de esta naturaleza, principalmente, cuando se dificulta
el acceso a servicios básicos, por esta misma razón es tan indispensable
contar con un buen diagnóstico, la identificación clara de las amenazas
y las capacidades de respuesta.
En
este sentido, también resulta fundamental, contar con los recursos
económicos necesarios para estar preparados de la mejor forma posible,
de manera tal que, sea posible llevar adelante las estrategias y
protocolos necesarios de manera oportuna y sin contratiempos.
Es
claro que los recursos son limitados y la necesidades no, por eso
mismo, se debe ser responsable al momento de la asignación,
privilegiando, justamente, las necesidades de la comunidad.
El
fortalecimiento de los organismos y sistemas de alerta temprana y la
buena preparación de los equipos de trabajo, constituyen parte de esa
estrategia, como lo es además, la educación y formación comunitaria, que
puedan contribuir a hacer frente a cualquier situación de riesgo,
mediante un apoyo participativo y eficiente.
Probablemente
nos queda bastante más para seguir reflexionando sobre la materia, y
será seguramente tema para un próximo espacio de comentarios. Por el
momento, sería oportuno dejar la motivación para no perder de vista la
responsabilidad que significa estar siempre bien preparados frente a las
emergencias, especialmente en regiones aisladas y extremas como
Magallanes.