¿Cómo podemos comprar medicamentos más baratos?

Uno de los dolores importantes de la población tiene relación con el gasto en medicamentos. De hecho, el Gasto de Bolsillo en Salud (pagos directos provenientes de las personas en salud) representa un 6,3% del gasto de los hogares, siendo los medicamentos un tercio del Gasto de Bolsillo. Cuando el Gasto de Bolsillo supera el 30% de la capacidad de pago de los hogares, este gasto se transforma en catastrófico, lo que es más evidente en hogares vulnerables y adultos mayores. Entonces, ¿qué debiéramos cambiar en el mercado de los medicamentos para aliviar la carga económica de las personas? Para explicar la baja competitividad del mercado de los medicamentos, es necesario revisar desde la producción hasta su distribución que, en sus distintas etapas y participación de actores, afecta la comercialización y acceso de las personas a estos bienes de forma óptima. Considerando un estudio de la Fiscalía Nacional Económica, podemos concluir que el mercado opera como uno de marcas de autos o relojes y no comoditizado (homogeneidad mediante la bioequivalencia) como busca la normativa. Sin embargo, tan solo el 20% de los productos son bioequivalentes y el 90% de las ventas de los productos son de marca. Lo notable, es que 43% de las ventas son con receta, mercado que es provisto principalmente por un solo laboratorio para el paciente. Es decir, hay una gran concentración (posición monopólica). Por otro lado, los médicos tienen mayores posibilidades de elección que un paciente, debido que pueden elegir, por ejemplo, entre distintos principios activo, lo que les amplía la gama de laboratorios proveedores. Sin embargo, no hay que olvidar que los esfuerzos de marketing de los laboratorios son intensos, destacando los visitadores médicos que influencian a los médicos prescribir sus marcas de medicamentos al paciente, el cual difícilmente cambiará por uno distinto, aunque exista una alternativa más barata. ¿Qué pasaría si los médicos estuviesen obligados a prescribir recetas electrónicas impedidos de recomendar marcas y solo seleccionando principios activos? Ni mencionar el blindaje de recetas como descuentos permanentes a pacientes sobre un medicamento de marca para una enfermedad crónica. Otro aspecto interesante es que las cadenas farmacéuticas (retail) pagan un 70% más a los laboratorios que el sector público. Del mismo modo, las clínicas y droguerías y cadenas menores, pagan un 10% y 40% más que el sector público respectivamente. Esto se explica principalmente porque el sector público tiene un mecanismo de compra más eficiente que es la licitación, adjudicando al de menor precio. En cambio, las grandes cadenas de farmacias compran por producto a precio de lista. En este sucinto análisis, vislumbramos soluciones que permiten a la población acceder a medicamentos más baratos, especialmente los medicamentos de consumo ambulatorio, es decir de venta en farmacias. Esto tiene que ver con una mejor regulación que permita por un lado ampliar la oferta de productos en el mercado (ej. Registro más expedito de medicamentos ya vendidos en el extranjero), transparencia en materia de patentes, incentivar la entrada de bioequivalentes, mejor fiscalización, plataforma digital única de prescripciones y obligatoria para los médicos a recetar por denominación común internacional, obligación de dispensar el medicamento bioquivalente más barato en las farmacias, aplicar costo fijo por dispensar el medicamento, entre otras medidas. Disminuir el precio de los medicamentos es una sentida demanda social que no se resuelve cambiando la Constitución, sino que eliminando asimetrías y aumentando la competitividad.

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